“El inevitable lado oscuro”

Padre Pacho

Columnista

La revelación bíblica, tiene claro el principio perenne de bondad, sin embargo, en esta maqueta de perfección llamada paraíso, aparece el desorden. Nuestra gran pregunta teológica surge, cuando nos preguntamos, quien es el responsable de ese desorden, porque el mundo y de manera especial la raza humana no es como deberíamos ser.

 

Hoy que tenemos una visión más firme y clara del origen y desarrollo del universo, se nos ha ido enseñando a contemplar un principio del mal desde otra perspectiva; al respecto Teilhard de Chardain afirma: “el inevitable lado oscuro de lo concebido, que aparece siempre a lo largo de un proceso de este tipo, demuestra que en todo éxito hay que contar siempre con cierto porcentaje de fracaso. En el orden de lo inorgánico hay disonancias y destrucciones físicas; en el orden de la vida hay sufrimiento, en el de la libertad pecado: “no existe ningún orden en la evolución que no incluya en sí, en todos sus niveles el desorden”.

 

Cuando este desorden toca la condición humana aparece una realidad mistérica y es ¿Por qué los seres humanos actuamos de una manera extraña, porque somos como como somos y por qué no somos como deberíamos ser? ¿Por qué y desde cuando peca el hombre? ¿Hay un agente externo que nos hace fallar? o ¿Existe un germen en el corazón del hombre que no le permite optar por una armonía universal, donde se convierte en el primer depredador de su propia casa?

 

A través de su historia el ser humano ha pretendido dar respuesta a muchos fenómenos, donde interviene el mal en el mundo y siempre que ha intentado poder descargar cualquier tipo de responsabilizar externa, frente a su propia libertad, con la que se ha quemado las manos, se ha equivocado.

 

El cristianismo nos invita a volver los ojos sobre el propio corazón. El problema no está afuera, ni siquiera en las incitaciones de los hombres perversos. El problema nace de adentro; toda la maldad que veamos en el mundo fue primero aprobada por algún corazón humano.

 

La habitación del hombre es el corazón, en el encontramos lo bueno y lo malo, en el surgen los grandes amores, pero también los grandes daños de la humanidad. Es el lugar del encuentro con Dios, pero también el lugar donde se cuecen las decisiones más maléficas de nuestra realidad existencial.