El efecto Lázaro

Padre Pacho

Columnista

La ciencia médica viene desarrollando una serie de técnicas para resucitar personas que clínicamente, habían sido declaradas como muertas. Este fenómeno lo han denominado “Efecto Lázaro”, queriendo hacer referencia a aquel texto bíblico, referido en el evangelio de Juan, donde Jesús clama a gran voz: ¡Lázaro ven fuera!  Y el que había estado muerto, salió, atadas las manos y con vendas en los pies y con su rostro envuelto en un sudario. La diferencia es que lo que no ocurre en el texto bíblico, para la ciencia, este fenómeno, sí tiene explicación posible.

Lo interesante de esta práctica, según los científicos, es que, si para los manuales médicos que indican que después de cinco minutos, de la detención cardiaca, donde se producen las secuelas neurológicas irreversibles por la falta de oxígeno, produciéndose todo tipo de lesiones, para quienes utilizan esta técnica, utilizando productos que reaniman al que es declarado clínicamente muerto, es traído de vuelta, sin ningún tipo de secuela para continuar una vida activa.

Los científicos afirman que cuando se produce, por ejemplo, un ataque cardiaco, el cerebro entra en un proceso de “hibernación”, donde disminuye su actividad, esperando mejores condiciones para reactivarse. Por ello el profesor Sam Parnia, ha aplicado exitosamente este método, que consiste en bajar la temperatura de los pacientes para que el cerebro lleve a cabo su proceso lentamente y no colapse en el intento.

El avance tanto de la biología como de la medicina, nos lleva a pensar que el concepto de la muerte, ha quedado relativizado, llevándonos necesariamente a preguntarnos: ¿Cuándo realmente morimos? Morimos: ¿cuándo cesa la circulación? o ¿los signos vitales? ¿cuándo hay muerte cerebral? ¿Estará en mora la ciencia y la reflexión teológica, de ofrecernos nuevas definiciones, sobre la realidad de la muerte?

En el campo teológico, es claro que Jesús no resucitó a Lázaro, hizo con él, una reanimación, que necesariamente lo llevó a tener luego, nuevamente una muerte física. L resurrección no es una reanimación de un cadáver, la resurrección en el espíritu cristiano, no es volver a esta vida, sino entrar definitivamente, en la “Vida” de Dios. La resurrección de Jesús está en el límite de la historia, está dentro y fuera del mismo tiempo. En él, la historia sufre una ruptura, porque se abre más allá de lo que había sido historia, el paso del cronos al Kairós.