“El arte de amar” (I)

Héctor Tabares Vásquez
Columnista

No se trata propiamente de aludirse a una modalidad o al prurito de revolcarse  elegantemente con alguien o de posar de romántico. Solo que atendiendo recomendaciones de los  ilustres y letrados, oímos consejos de enorme utilidad, llevándonos a desempolvar un tipo de literatura poco aplicada y trajinada en la actualidad. En un  entorno propicio y especializado en la materia, hay  mención a las obras más leídas y de obligatorio recordatorio, como lo es el referido al título de la Columna. Y de verdad, rescatándolo del sitio casi imperceptible de la biblioteca, fue objeto de un nuevo y detenido repaso, haciendo hincapié en algunas de las tesis y afirmaciones allí contenidas. ERICH FROM, muy conocido y de imperativa consulta en la década del setenta, en particular del texto El miedo a la libertad, toca unos aspectos trascendentales en la vida del hombre contemporáneo. Desde luego, un buen recorrido del mismo está ocupado en definir, describir y señalar tristemente la mentalidad del individuo dentro de una sociedad, capitalista o comunista, ubicándonos en una cuestión cierta y deprimente del abandono de los valores y de la privación de una consagración real y auténtica a las cosas básicas de la existencia. Su temática discurre amplia y generosamente por campos donde el común denominador no es otro diverso al de la enajenación, a un colectivo consumista y totalmente alejado de la cultura, de la relación conyugal, familiar y de los sentimientos genuinos. Y siguiendo ese hilo conductor de la asignatura en comento, nos incita y evoca la exigencia olvidada de la disciplina en cuantas actividades debamos desempeñar, precisamente un punto de vista tirado  a la zona oscura de la rutina, bastante característica de una época enquistada en la medianía y la improvisación. Empero, la parte fundamental de lo revisado, radica en el último fragmento, cuando aborda el asunto relativo a la reflexión y a la forma de practicarla. En una actitud estereotipada del ciudadano trabajador, del medio, no queda tiempo para una dedicación de tal entidad. Quizás lo de mayor mérito, es el tema y no de recibo en determinadas esferas, en lo atinente a la soledad. Son  usuales  y corrientes las glosas peyorativas sobre el particular, incluso en un tono doliente y afligido, seguramente extrañando los honores y las expresiones de aplauso recogidas y ausentes. Resultó reconfortante un regreso hacia lo definido clásico y despectivamente llamado anacrónico y vetusto, en la medida de haber percibido otra vez un apoyo de autoridad, en un fenómeno tan grato al alma y al espíritu, en momentos en los cuales surge  a manera de un despertar del mundo superficial y un hálito de esperanza y de redención, circula fervientemente en la venas, transitando lo vital, la esencia del ser, un evidente y efectivo motivo de experimentar y de vivir.

(1)FROM, Erich. El arte de amar. Editorial Paidós.1.974.