Educación y gestión comunicacional

Gonzalo H. Vallejo A.

Columnista

Un viejo cuento relata la actuación de cuatro personajes que insistían en seguir haciendo lo mismo con el fin de obtener algún día resultados diferentes. Ellos se llamaban “todos”, “cualquiera”, “alguien” y “nadie”. Ocurre que, al querer hacer un trabajo importante, “todos” sabían que “alguien” lo haría. “Cualquiera” podría haberlo hecho, pero “nadie” lo hizo. “Alguien” entró en enojo cuando se enteró de lo sucedido porque hubiera correspondido a “todos” hacerlo… ¿Cuál fue el resultado? “Todos” creían que lo haría “cualquiera” y “nadie” se dio cuenta de que “alguien” no lo haría. ¿Cómo termina la historia? “Alguien” reprochó a “todos” su mezquindad porque en realidad “nadie” hizo lo que pudo hacer “cualquiera”. Al mejor decir del pensador español Ortega y Gasset, lo que pasa en educación es que no sabemos lo que nos pasa y por eso nos pasa lo que nos pasa.

El escritor británico Lewis Carroll en su novela “Alicia en el país de las maravillas” (1865), nos comparte este fascinante diálogo. “… Me podrías indicar por favor ¿hacia dónde tengo que ir desde aquí?”. “Eso depende a dónde quieras llegar”, contestó el gato. “A mí no me importa demasiado a dónde”, empezó a explicar Alicia. “En ese caso, da igual hacia dónde vayas”, interrumpió el gato. “… siempre que llegue a alguna parte”, terminó Alicia a modo de explicación. “¡Oh! Siempre llegarás a alguna parte -dijo el gato-, si caminas lo bastante”. Si no sabemos hacia dónde vamos, imposible perdernos, ¡Ya estamos perdidos! Si no sabemos para dónde vamos, ningún camino nos conducirá a ninguna parte… Si no sabemos para dónde vamos, con seguridad terminaremos en otra parte… Desventurados los que nunca saben hacia dónde van, aunque para ellos todos los caminos sean buenos.

Las únicas respuestas alternativas a nuestras problemáticas educativas las encontraremos a través de la información, la reflexión y la acción comunicacional. La información y la comunicación, traducidas en acciones transformativas, deben formar parte integral de nuestra vida cotidiana, personal y comunitaria y se constituyen, hoy por hoy, en una herramienta fundamental para el diagnóstico, evaluación, toma de decisiones y gestión en el sector educativo. Un aspecto importante en todo proceso organizacional e institucional tiene que ver con los tipos de información y comunicación que funcionan al interior de una comunidad educativa. El lenguaje de la información y la comunicación al interior de ella se representa en la racionalidad y vivencialidad del mundo que se comparte allí y en la potencialidad crítica y creativa que tienen los miembros que la componen.

Un tutor iniciaba su ejercicio sobre mediación pedagógica con una sabia reflexión: El futuro es la posibilidad de lo alternativo (toda pregunta por lo alternativo es una pregunta por el futuro); el grado de alternatividad se mide a través de circunstancias atinentes al aquí, el ahora y el después. Somos lo que creemos ser a través de nuestras circunstancias que serán productivas en la medida que seamos conscientes de que es imposible desarrollar procesos de planeación, información, comunicación, gestión y evaluación en materia cultural y educativa sin un rumbo y andar y sin un destino. En ellas juegan un papel decisivo la eticidad del acto pedagógico, la consensualidad divergente que implica un respeto por las diferencias, las didácticas participativas y la convivencialidad democrática. El futuro de la educación será pues de aquellos que trabajen con ahínco por él y por ella.