Diversificación y empresariado

Jaime Cortés Díaz

Columnista

Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, manifiesta que dentro del ambiente de inconformidad que se alza en el país y que se muestra en marchas y concentraciones, es una oportunidad que tiene el gobierno, que está recorriendo todo el territorio hablando con personas de distintos sectores y escuchando sus reclamos e inquietudes, poner en acción planes tangibles para mostrar resultados de alivio, empleo y equidad en lo inmediato, mediano y largo plazo. Por eso hay que extirpar el negativismo sin que ello signifique no tener en cuenta los nubarrones que se perciben por efectos del Covid-19 que retrasarían las buenas prácticas ajustadas e incentivadas en la lucha contra la pobreza, el marginamiento y el hundimiento social. “Aunque estamos mejor, la sensación de inseguridad económica viene en aumento” dice Moreno y recalca que el papel del empresariado es el de propiciar propuestas de generación de empleo decente, de apoyo a la juventud para sembrarla en la productividad, lo mismo con la exaltación de las mujeres en el ejercicio de la igualdad laboral, y a manejar la sostenibilidad ambiental, que se ha convertido en un grito herido en todo el mundo y aquí en Colombia con los desastres que se están viviendo.

A lo anterior  hay que agregar que el Estado tiene que crear las condiciones a los empresarios de ampliar la productividad y la competitividad para establecer campos suficientes  de avance y dar así saltos significativos. Nuestra economía, se dijo en la anterior columna, es estrecha, cerrada, timorata y sin pretensiones de hechos altaneros  con la cual no va a existir  amplia absorción de la pobreza y menos de pasar a otro nivel superior en la pirámide de ascenso social, a la calidad educativa, a la  salud y la vivienda. De allí que Bruce Mac Master, presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia  -ANDI- expresó: “Nos tenemos que concentrar en aumentar las exportaciones. Allí hay una tarea urgente. Algún día el petróleo y el carbón dejarán de ser la fuente de dólares que son hoy; en ese momento, Colombia tiene que tener cosas que venderle al mundo, de lo contrario, estaremos muy mal. Hay que diversificar la canasta de productos industriales y servicios generadores de valor agregado. Esta debe ser una gran prioridad nacional”.

Y en esa línea del presidente del BID y de Mac Master se pronuncia un editorial de El Tiempo al indicar que “Crecemos, pero no lo suficiente”, que “la economía colombiana necesita aunar esfuerzos para crecer a un ritmo mayor”. Pero en un crecimiento ligeramente superior a tres y a la par de una subida en las cifras de desempleo, (hoy en el 13 por ciento), la percepción de la gente es que el manejo  de la actividad se ha empeorado y por ello el castigo se siente en las crudas encuestas, en las que también caen los empresarios.

Juan Manuel Velásquez, presidente de Argos, a finales del año pasado escribió en alusión al direccionamiento del sector privado que éste debe fomentar  resultados de impacto en la sociedad y no únicamente buscando la “lógica de producir utilidades”. Eso significa  en  opinión  del expresidente  del grupo Sura David Bojanini que el mencionado componente particular tiene que coadyuvar a las grandes soluciones nacionales y no presentarse como piñón del problema.

En diálogo con Iván Muñoz, nuevo director de la Regional de Acopi Centro Occidente,  fue enfático al decir: “No cabe duda de que el concurso del sector privado es importante porque la riqueza la crean las empresas y estas complementan el esfuerzo del servicio público, sin olvidar que el Estado y el empresariado están situados en dos extremos, ambos necesarios, y que el trabajo armónico, pero a la vez independiente, es el que se convierte en una sinergia”.