De nuevo la protesta

Jaime Cortés Díaz

Columnista

Después de las festividades de fin y de principio de año, las actividades propias del acontecer cotidiano comienzan a tomar sus dinámicas. Pero asimismo se inicia la agitación que se mostró en los últimos meses con las marchas y concentraciones de protesta de la más amplia diversidad, situación no del todo exenta de violencia y atentados, que ocasionó un quiebre en los aspectos  laboral, educativo, económico y social.

 

El gobierno consciente de atender la queja de las distintas expresiones ha abierto espacios diversos para entablar diálogos que lleven a determinar programas y recursos tendientes a facilitar accesos equitativos a las oportunidades que hagan posible una sociedad con más igualdad que es adonde gira al final, el grito o clamor en la calle.

 

No participar algunos promotores bajo el falso criterio de requerir mesa exclusiva e ignorar a otros componentes sectoriales que también tienen anhelos dignos de ser escuchados en la formación de planes como políticas de gobierno y no como frutos de “negociaciones” pasajeras.

 

Las escaramuzas observadas esta semana en Bogotá alertan a las autoridades para que en medio de la válida protesta social, se respeten los derechos de la ciudadanía en su movilidad y trabajo. Creer que arrinconar a las instituciones es el mejor parlante para amplificar las reivindicaciones,  es un exabrupto  que conlleva al terror en que está impregnada la ideología de la perturbación.

 

Falsamente se viene incurriendo en señalar al sector productivo como uno de las causantes de la debacle, siendo un sector que crea empleo para mejorar los accesos a una convivencia más plena. Y si bien es cierto que ha habido avances según un informe internacional, “es urgente -como dice el presidente de la República- abordar las desigualdades”, mejorando aún más el avance de Colombia en desarrollo humano (pasó 16 lugares entre 2003 y 2018, es decir al puesto 79 de 95). Se dice que las desigualdades emergentes en la sociedad no pueden medirse únicamente por los ingresos sino también  por variantes de capacidades tecnológicas, transformaciones educativas, la inclusión de los jóvenes al mercado laboral, la salud, la vivienda, la ampliación eléctrica, el saneamiento ambiental y la preservación del ecosistema.

 

No hace mucho, en reposo de las manifestaciones, la comentarista Sandra Borda dijo: “todos estamos buscando más y mejores formas para ejercer nuestra ciudadanía, estamos buscando un arreglo social en el que quepamos todos a pesar de nuestras profundas y vibrantes diferencias, en el que podamos ser reconocidos como sujetos con los mismos derechos y a los que el Estado pueda –real y no solo formalmente– reconocerles sus garantías”. Y ese gran contexto se puede lograr ejerciendo civilidad y respeto por el acontecer de los demás.