Código de guerra

Padre Pacho

Columnista

Cuando una sociedad no toma en serio los protocolos frente a una determinada pandemia y entran en fase cuatro por no acatar las recomendaciones del estado, como el aislamiento preventivo, se aplica el “código de guerra”, donde los profesionales de la salud tienen el total apoyo de los entes gubernamentales para actuar, a partir de unos códigos éticos que se le son permitidos, como determinar que pacientes pueden recibir tratamiento y cuales por su estado grave ya no deben vivir.

 

Hoy Risaralda con una población de casi un millón de habitantes solo cuenta con 90 respiradores disponibles, si no hay un control adecuado y sigue subiendo el espiral de contaminación podríamos llegar a una fase, donde las autoridades tendrían que decidir a quien le colocan los respiradores y a quienes no por su posible gravedad.

 

Desde nuestra provincia eclesiástica se ha hecho un llamado frente a esta emergencia sanitaria, como un deber de cuidar la vida, de quienes nos rodean, para hacer frente a esta pandemia, evitando su propagación, por medio del aislamiento como medida de protección para nosotros y los demás

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Dentro de las medidas adoptadas se ha pedido el aislamiento social, implicando con ello, el cerramiento de nuestros templos de culto, permitiendo que pueda ser una oportunidad para entrar en nuestro interior, a lo mas íntimo de nuestro ser, para replantear nuestro compromiso y relación con Dios, a quien debemos adorarlo en espíritu y verdad.

 

Una oportunidad para el uso de los medios virtuales, quienes desde nuestra propia creatividad podremos activar con una pastoral digital, que permita animar en la esperanza y redescubrir que la acción de la gracia también puede ser posible, aunque no haya presencia física, y que, por medio de estos ambientes digitales, podamos reunirnos no virtualmente, sino realmente para celebrar el misterio de la fe. Dentro de nuestra misión pastoral, seguiremos acompañando nuestras comunidades, asistiéndolos con una Palabra de esperanza, pero también con la ayuda a los mas vulnerables, porque la solidaridad empieza por casa.  Que sea esta una oportunidad para que, vueltos a Dios con un corazón agradecido por el don de la vida y la salud, reconozcamos humildemente nuestra fragilidad e incapacidad ante tantas exigencias. Seamos responsables en cuidarnos, tendremos tribulaciones, pero El está con nosotros, no perdamos la esperanza, aprendamos a leer estos signos de los tiempos, experimentando que todo este hecho para el bien de aquellos que aman al Señor.