Cartago: de la crisis a la abundancia

Víctor Zuluaga Gómez

Columnista

Decíamos en columnas anteriores que la Cofradía de la Nuestra Señora del Rosario, ante los malos manejos, había entrado en crisis y la iglesia que se construyó en la actual Cartago adolecía de puertas y ventanas.

Adicionalmente al asunto del ganado cimarrón, y de la situación que se vivía en los últimos años donde estuvo Cartagoviejo, habría que decir que en 1626, cuando se produjo la visita del Oidor Lesmes de Espinosa, deja constancia que sólo hay 13 encomenderos y 119 indios tributarios, y añade en su informe en relación con sus habitantes, que “los ausentes son más que los presentes”.

Si revisamos el contexto económico global, lo que podemos observar es que desde finales del siglo XVI, es decir, 1599, ya se podía observar el impacto que tenía la escasez de oro en la región, especialmente en Supía y Anserma, debido a que siendo oro de aluvión, llegó el momento en que se agotó. Es la razón por la cual la Casa de Fundición que había en Cartagoviejo fue cerrada y también para que sus moradores comenzaran a buscar otras tierras para el cultivo de caña y cacao.

Sin embargo, al llegar el siglo XVII la actividad minera en el Chocó comienza a tener un fuerte impacto en toda la región caucana y el actual Cartago se convierte en la capital de la Provincia del Quindío y un centro de negocios para la venta de esclavos, tal como lo podemos comprobar con uno de los cientos de documentos que existen en el actual Archivo de Cartago: “Antonio Casares compró en Cartagena en 1712 al Administrador de la Compañía de Guinea establecida en Francia, 51 cabezas de negros: 40 varones y 6 hembras y 5 muleques. Las compró en 210 pesos los varones y 220 los muleques. Fue un total de 10.666 pesos por la transacción.”

Los esclavos eran transportados desde Cartagena por el río Magdalena hasta Honda, luego Ibagué, para remontar el Camino del Quindío y llegar a Cartago.

Uno de los grandes hacendados y esclavistas asentados en Cartago  quien llegó a ser Gobernador encargado del Chocó fue don Salvador Gómez de Lasprilla quien fue propietario de 150 esclavos, de los cuales 50 estaban en su hacienda en lo que hoy es Obando y otros cien trabajando en sus minas de oro en Tadó, padre del dueño de las tierras donde hoy se levanta Pereira.