Cargas de profundidad

Gabriel Alberto Toro Peláez
Columnista

El gobierno colombiano estudia dos temas: la explotación de hidrocarburos mediante el fracking y la fumigación aérea de los narcocultivos con glifosato.

Resulta cuestionable la tardanza en las decisiones sobre estas importantes materias; ya que estas políticas necesarias, han demostrado su efectividad.

Países desarrollados: Estados Unidos, Canadá, Italia, Rusia y Argentina, vienen extrayendo petróleo y gas por el sistema denominado fracking, al que le han implementado controles suficientes para evitar contaminación del Medio Ambiente.

Los hidrocarburos registran el 40.9% del total de exportaciones colombianas. Ecopetrol aportó en  2018, 23 billones de pesos entre impuestos, dividendos y regalías. Las reservas conocidas de petróleo, suman 1.727 millones de barriles, que alcanzarían para menos de 7 años, y de gas para un poco más de una década.

El consumo interno diario colombiano es de 368 mil barriles de petróleo; exportando aproximadamente 500 mil barriles; contribuyendo con US$16.4 mil millones a nuestra economía. Sí perdemos la posibilidad de manejar esta cifra, tendríamos que importar petróleo por  US$8.059 mil millones anuales, haciendo inviable su manejo, dadas las deficiencias del sector exportador deprimido, por la exagerada carga tributaria, el ambiente laboral enrarecido y la devaluación del peso.

Son conocidos los estragos causados por el narcotráfico en la vida colombiana, como lo son: orden público, agricultura, explotación ilegal del suelo, contaminación ambiental, detrimento a la hidrología y, en general el olvido de  las buenas costumbres y  perjuicio a la  economía nacional.

Urge que se aplique, con todo su rigor, la fumigación aérea, más eficiente que la lenta erradicación manual de cultivos ilícitos, exponiendo la vida de erradicadores; cuya actividad, se anula con la resiembra.

A pesar de la oposición a la utilización del glifosato en estas tareas; ello es necesario por ser el elemento químico más indicado para combatir los cultivos ilícitos, e incluso el que se utiliza en todos los campos colombianos para el control de malezas, demostrando que no es tan nocivo al ser humano como lo predican sus detractores; pues se trata del mismo componente Herbicida Sistémico Matamaleza Roundup, que es comercializado libremente en todos los almacenes agropecuarios; sin que ello, produzca las alarmantes consecuencias de las cuales hablan los amigos del narcotráfico.