Bienes de manos muertas

Rodrigo Ocampo Ossa

Columnista

En el derecho español antiguo había una regla muy importante para proteger el patrimonio y la voluntad de los súbditos de la corona; los bienes dejados a las ánimas del purgatorio u otros asuntos celestiales, eran inenajenables, lo que dejó al país lleno de excelentes propiedades improductivas que los buenos cristianos habían destinado a lo largo de tres siglos a su bienestar en el otro mundo. Estos, que por su origen se llamaron “bienes de manos muertas” se convirtieron en una talanquera para la economía y una fuente constante de roces entre las autoridades civiles y la iglesia. Hasta 1861 cuando Tomás Cipriano Mosquera, triunfante con la revolución, decretó la desamortización definitiva mediante el sumario procedimiento de expropiarlos para posteriormente venderlos. La historia se está repitiendo en el siglo XXI con los bienes de las mafias y las leyes de extinción de dominio. El Estado tiene miles de propiedades congeladas que no se venden, pero tampoco se les extingue el dominio. Y hay otros miles de propiedades que no están siquiera en proceso, pero que en algún momento fueron de mafiosos o corruptos, y han entrado en una hibernación absoluta, porque la extinción puede decretarse en cualquier tiempo y contra cualquiera que sea el propietario. En consecuencia, lo que haya pasado por las manos de un malevo real o presunto, queda en la practica fuera del comercio, porque los compradores siempre corren el riesgo de quedar enredados, como les ocurrió a los promotores del edificio Meritage en Medellín, con una enorme pérdida a pesar de que tomaron todas las medidas de precaución posibles. Con el predio del Club San Fernando en Cali, o con la casa de Rodríguez Gacha en Bogotá.  A esto hay que sumar el efecto corruptor de bienes entregados en custodia a validos que los usufructúan sin control posible. Pretender la protección de la moral pública mediante la exclusión de bienes de la economía es un error: afecta la economía general, fomenta la corrupción, y hasta donde se sabe, no disuade a los mafiosos.