Alcaldes y Gobernador, ¡a trabajar!

Luis García Quiroga
Columnista

Lo que la ciudadanía quiere de los nuevos alcaldes y gobernador de Risaralda es, menos cálculo político y más trabajo. Y preferiblemente, mandatos pensando en grande y con grandeza, en especial los alcaldes de Pereira, Dosquebradas, Santa Rosa y La Virginia, que conforman un territorio metropolitano de hecho.

Más del 80 % de la población de Risaralda está en estas cuatro ciudades. Y sin desconocer la marginalidad promotora del despoblamiento de los municipios de occidente, las exigencias de estas cuatro grandes, son cada vez mayores.

Es menester generar confianza en el liderazgo, gestionar recursos, mantener equilibrio en la inversión y sin descuidar la población de occidente, poner el foco en los factores determinantes de desarrollo social y económico, tales como la creación de condiciones para generar empleo de calidad, impulsar el agro para impulsar la agroindustria y la seguridad alimentaria (hasta el cilantro viene de la sabana cundiboyacense), impulsar la economía naranja vía emprendimientos y turismo, en fin, ellos saben lo que hay que hacer y lo harían si no fuera porque desde que son elegidos, quedan secuestrados por los jefes políticos, los concejales, los diputados, los “inversionistas” y los “líderes” barriales.

Son esos compromisos el origen y la causa de los demoledores efectos del cálculo político traducido en “mermelada” tanto en la repartición de la burocracia desde el primer anillo de gabinetes hasta el último barrendero, pasando por los contratos de servicios y de obras, lo que de entrada implica un enorme desgaste desde el inicio hasta el final del ciclo de gobierno.

Esperen a que desde las alcaldías y gobernación comiencen a llegar Proyectos de Acuerdo y de Ordenanzas a los concejos y asambleas. Es cuando los lobos comienzan a mostrar las puntas de las orejas.

Solo los mandatos amplios electoralmente dan cierto margen de maniobra. Por eso hay una gran expectativa con el alcalde Rodrigo Toro en Santa Rosa de Cabal, quien llega sin compromisos con la clase política tradicional que allí recibió un merecido castigo como nunca había ocurrido en sus 176 años de historia (20 más que Pereira). Allí la gente, conservadora de raca mandaca votó Verde porque se mamó de la corrupción y el desgreño, de paso enviando una alerta temprana a Dosquebradas, Pereira y La Virginia, porque si por Santa Rosa llueve, por aquí no escampa. Por ahí es la cosa.

Rodrigo Toro parece astuto y diligente. Vamos a hacerle seguimiento al igual que a Diego Ramos en cuya anterior administración se cocinaron los males que tienen en la cárcel al alcalde Muñoz y otros funcionarios de primer rango.

Veremos si los nuevos gobernantes leyeron bien el pasado resultado electoral.