Afrodescendientes todos

Otoniel Arango Collazos

Columnista

El hombre es un ser eminentemente territorial y no ahorra esfuerzos para marcar territorio, tanto en lo físico, como en lo cultural. Una vez fijados ciertos límites culturales, se busca tener un territorio, pacíficamente o por la fuerza, en el cual se pueda compartir esa unidad de pensamiento o de forma de actuar, sin que ninguna otra comunidad interfiera en sus usos y costumbres, formándose comunidades más o menos abiertas a otras maneras de pensar. Son muchos los ejemplos de sociedades que han pretendido ser excluyentes con otras por motivos de política, religión o color de piel y muchas las guerras que se han librado por defender las particularidades de dichas comunidades.

La cuestión sobre el origen del hombre entraña una notable dificultad científica, pero en todo caso se puede afirmar pacíficamente, que la Gran Falla oriental de África es considerada como la cuna de los antepasados del hombre. Se ha podido demostrar científicamente que al sur de Etiopia en límites con el norte de Kenia existe el único registro ininterrumpido de rocas, que contienen restos humanos y prehumanos desde hace 4 crones, es decir cuatro millones de años, hasta prácticamente el tiempo presente.

Ahora bien, del áfrica, partieron las oleadas de seres humanos hacia Europa y Asia y de allí partieron hacia América varias migraciones claramente definidas: Los Mongoles y Esquimales que llegaron a Norteamérica, los Melanesios Malayos y Polinesios que llegaron a Suramérica y los australianos que llegaron a Suramérica y la Antártida.

Todo lo anterior basado en estudios científicos basados en pruebas genéticas y antropológicas como el estudio de implementos de uso común entre unos y otros, particularmente entre la población indígena actual y los migrantes antes señalados, tales como ciertas costumbres ancestrales, el uso de armas comunes como, cerbatanas, arcos y hondas; la utilización de morteros de madera, redes, mosquiteros; la preparación de bebidas alcohólicas con semillas, etc.

Así las cosas, queda muy claro que reclamar territorios indígenas o de negritudes o de ciertas creencias religiosas para uso y disfrute exclusivo de dichas comunidades, es solo fruto de una distinción artificial entre seres humanos, porque la verdad sea dicha, todos los que habitamos este planeta azul, somos afro descendientes. No podemos olvidar tampoco, que nuestro planeta fue en tiempos remotos, un solo continente denominado Pangea, una razón más para afirmar a lo paisa, que somos distinta arepa de la misma masa. Un feliz día y mucha prosperidad.