Acoso sexual en la U

Fabián Henao Ocampo

Columnista

Una encuesta liderada por la Universidad Central, realizada en cinco centros de educación superior del país, indicó que el 27 por ciento de las personas entre estudiantes, docentes y personal administrativo conoce casos de acoso sexual en el ámbito universitario. No obstante, otro estudio de la Universidad Nacional encontró que el 42 por ciento de las jóvenes ha sufrido acoso sexual.

 

La Universidad Nacional, por su parte, realizó un estudio en 2018 a 1.332 estudiantes y encontró que el 42 por ciento de las jóvenes ha sufrido acoso sexual; e incluso dicha Universidad destituyó a un docente por comportamientos abusivos con una estudiante de maestría.

 

Sin embargo es necesario aclarar que no son todos los docentes, ni son todas las universidades, este es un fenómeno mas bien personal: a algún docente o a algún estudiante; le da por cruzar la raya y es en ese momento en el que queda involucrado el nombre de la Institución. La Universidad es un reflejo de la sociedad y en la sociedad suelen pasar todas estas cosas.   

 

Una de las mayores quejas que se escuchan de las estudiantes, desde que se realizó en el Congreso la primera audiencia pública contra la violencia sexual en las universidades de Colombia,  es la del abuso de los profesores que de una manera muy sutil le hacen saber a la estudiante que debe hacer “todo” lo que el profesor le pida porque  el dueño de la nota es él y en consecuencia la estudiante deberá hacer “todo” lo que su docente  le pida para pasar la materia o la de sus compañeros que disfrazan sus verdaderas intenciones en un noviazgo relámpago que se acaba al pasar por una alcoba.

 

Desafortudamente los casos de acoso sexual no solo se dan en Colombia, este es un tema de casi todos los países; uno de los casos más polémicos es de la estudiante Emma Sulkowicz, una estudiante de artes de la Universidad de Columbia, que caminó con un colchón a cuestas el día de su grado  en protesta a la desatención que su alma máter le dio a su denuncia de violación, la furia de la opinión pública se prendió y el gobierno de Estados Unidos comenzó a planear  las reglas para atender la violencia de género en la educación superior.

 

Desafortunadamente en Colombia  las cosas siguen igual y todo queda en los chismes de pasillo de las Universidades en las que pasan estas cosas,  de tal modo que todos saben lo  que pasa pero nadie dice nada. Se han firmado pactos, se han hecho acuerdos  pero el monstruo sigue vivo  porque las niñas no se atreven a denunciar por temor o por vergüenza.

 

La sexualidad es un regalo  y un tesoro del que pueden disfrutar los seres humanos en condiciones normales, pero toda esa riqueza no puede ser violentada o malograda por los lobos hambrientos de una maldad que convierte algo hermoso en una herida. Cuando el sexo  se vuelve delito  deja de ser atractivo y se convierte en una pesadilla que tiene un alto precio.