Actitudes ridiculamente complejas

Luis Miguel Cárdenas Villada

Columnista

Sucede en una sociedad donde la intolerancia es el rasero. Varios intelectuales se han preocupado por estudiar comportamientos humanos conducentes a formar colectivos armónicos siendo Colombia un territorio donde fácilmente se puede concluir que es un caso difícil de entender; todo está perdido sin vislumbrarse un futuro próspero debido a que la sociedad conformante de su territorio sufre de una tara insuperable: atajo. Se carece en un todo de sentido común con un agravante mayúsculo, los colombianos no les gusta que les digan la verdad, todos pretenden echar sus propias culpas en los demás.

Con sencillos ejemplos se tratara de ilustrar el paradigma. Existe una institucionalidad teóricamente fuerte pero en la interpretación de las normas es donde surgen los problemas. Se actúa a conveniencia aplicando el principio del primero Yo. Se habla de vulnerabilidad en términos de afectación pero no se acepta el universo del todos somos susceptibles de fragilidad en diferentes materias, desconociendo de antemano que si bien todos son vulnerables, solo unos son vulnerados siendo este principio el que podría identificar la diferencia.

Se asevera que todos son iguales ante la Ley, siendo cierta la tesis, pero al desarrollarla bajo el ejercicio del atajo este fundamento pierde su sentido debido a que su interpretación se encuentra que la presunta igualdad solo se aplica para privilegiados sin entender por qué lo son. La Ley para los de ruana, las ejecuciones extrajudiciales, los procedimientos judiciales y la mal denominada participación ciudadana son demostraciones fehacientes de propósitos particulares y egoístas que desvirtúan el concepto de Patria Unitaria.

Cuando en un trámite judicial se aplican los principios fundamentales del Derecho comparado y se presume la inocencia aparecen los vencimientos de tiempos para ocultar lo plenariamente demostrado. Los Profesionales del Derecho no actúan de conformidad con lo legitimado sino con lo legalizado en interpretaciones misceláneas que confunden a la sociedad primaria que son la mayoría. Denme la prueba que Yo les daré el Derecho es la frase inmaculada que generalmente oculta al desgreño por la plena prueba que no es la explicación demostrativa de la verdad, es la ventaja en su interpretación que le dan los operadores judiciales y litigantes para obtener resultados aun siendo otra la realidad. Se hace caso omiso del derecho sustancial como fundamento y se aplica a plenitud el derecho procesal por acomodo. No se respeta la verdad fortaleciendo los procederes para negarla siendo inevitable la injusticia.

Se afirma que más del 40% de los inmuebles en Colombia son sujetos de falsa tradición originada en la falsedad ideológica en documento privado que permite la estafa por transar bienes ajenos pero por razones procedimentales de tiempo y oportunidad se privilegia el cobro ejecutivo distante de esta realidad plenamente demostrada. Las Leyes y reglamentos de Transito permiten a los usuarios peatones, motorizados y demás actuar a discreción pero en uso de estas prerrogativas las autoridades de Transito extralimitan su actuar aplicando la norma a rajatabla y negando el derecho de la presunción de inocencia, todo porque le es conveniente hacerlo por aquello de la coima. Se establecen las cebras para pasos peatonales protectores pero una agraciada y pequeña gordita en compañía de un apuesto calvo, ambos guardas de tránsito, arrollan a los peatones quienes estupefactos solo acuden a salvarse siendo los guardas la expresión opulenta y grosera del poder otorgado por el Derecho Procesal. Se dice el “calvo” porque todos lo conocen con este dual.

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