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lunes, abril 22, 2024

Diego y Stella, una “linda historia de amor”

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Jorge Eduardo Murillo

Columnista

Amadeo Murillo y Rita Cardona; Josué Mejía y Chila González; son los responsables de forjar una hermosa familia: la familia Murillo Mejía, compuesta por unos abuelos, hermanos, hijos, nietos, tíos, primos, sobrinos, cuñados, yernos y nueras espectaculares, todo un conglomerado rodeado de unos entrañables amigos y compañeros de trabajo, ese era el entorno de Diego y Stella siempre. Amadeo y Rita desde Salamina (Caldas), vieron nacer a Diego al lado de 12 hermanos y 65 nietos; Josué y Chila desde El Retiro y Sonsón (Antioquia), vieron nacer en Pereira a Stella al lado de 4 hermanos y 10 nietos. Se conocieron en el barrio Modelo, a media cuadra de La Rebeca y La Enseñanza, Fabiola Murillo los presentó. Diego llegó a Pereira haciendo una espectacular carrera de banquero, comenzó como cajero en el Banco Cafetero, era gerente don Gonzalo Vallejo y trabajaba allí Delva Mejía; posteriormente fue secretario en el Banco Popular para llegar a la gerencia del Banco de Occidente al lado de su entrañable amigo Mario Gómez.

Su trasegar en la banca lo combinó como dirigente gremial en las juntas de Diriventas, Sociedad de Mejoras y Comfamiliar al lado de su amigo Maurier Valencia y otro tanto de amigos; se desempeñó como Concejal de la ciudad de Pereira y acompañó en grandes gestas al Partido Liberal al lado de Camilo Mejía Duque, Octavio Mejía Marulanda, Jorge Mario Eastman, César Gaviria Trujillo y Pedro Nel Mesa; fue cafetero y en las fincas Jacaranda y La Fortuna, derrochó café, buenas copas e inolvidables épocas decembrinas con su familia, amigos y colaboradores. Stella se graduó en la Enseñanza y le dio por estudiar Derecho a los 42 años; tuvo su empresa de legalización de predios y laboró como abogada de control interno, en la Cárder, en la Gobernación de Risaralda y la Alcaldía de Pereira. Como profesionales en el desarrollo de sus trabajos fueron impecables, dejaron en alto su pudor, honestidad y dedicación. Como dirigentes cívicos llevaron las banderas de la construcción de la Villa Olímpica, el aeropuerto Matecaña y la celebración de los Juegos Nacionales del 74. Estuvieron casados 64 años, dejan cuatro hijos, seis nietos y dos bisnietas, al lado de unos queridos yernos, nueras y cuñados. Dios les permitió vivir muchísimos años llenos de alegrías, dejan grandes legados donde el principal es que los entornos de amistad y de familia deben persistir, para dejar siempre el buen ejemplo. Al final un mismo jueves, a las mismas cinco de la tarde, con solo dos semanas de diferencia ambos se apagaron. Diego vino por ella ó Stella se fue a buscarlo, lo cierto es que allá en el cielo, ambos están orquestando una linda historia de amor.

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