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lunes, mayo 27, 2024

DESASTRES Y PROMESAS

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La Vorágine

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Por: Jaime Cortés Díaz

Para no detallar incidentes causados por inviernos u otras razones en años pasados, es menester recordar las tragedias por avalanchas de tierra que sepultaron a personas de distintas edades en hechos recientes que de nuevo han traído muerte, desolación, incertidumbre y todas las consecuencias que se agravan al no concretarse en el tiempo soluciones de recuperación para los sobrevivientes. Las ayudas poseen un efecto inmediatista que por lo general se traduce en ropa, ollas comunitarias, mantas, atención de salud en hospitales, alojamiento en albergues improvisados, auxilios para arrendamientos por pocos meses y pare de contar. El problema de fondo es el que tiene que ver con la reubicación territorial para estos ciudadanos sembrados en puntos de peligro que son vulnerables y presas de catástrofes anunciadas con anterioridad. Lo más grave es que se vuelve a hablar de ello cuando regresa el siniestro a hacer de las suyas y se repite la historia de horror, y la desidia burocrática gubernamental se refiere, por enésima vez, en ofrecer soluciones estructurales, las cuales pasado el llanto y las lamentaciones, se meten en ese círculo de incumplimientos. Lo ocurrido en La Esneda (Dosquebradas) y en laderas del río Otún, además de lo de Quinchía y Pueblo Rico, son monumentos surgidos a la indolencia y demostración de incuria por la vida y enseres humildes de población paupérrima, indefensa y sin voceros permanentes. El departamento de Risaralda y Pereira su capital, cuentan con estudios y localizaciones de áreas de alto riesgo y de mitigación o traslado a viviendas dignas, pero que se guardan como partituras sin tocar o que solo se invocan en campañas electorales. ¿Cuál es, entonces, el toque creyente en un régimen social de derecho? Mientras tanto el afán corruptivo de enriquecerse se queda en la fatiga de los damnificados.

Cuando estuvimos en la Comisión Regional de Competitividad de Risaralda, propusimos (y se aprobó) la Mesa Social para cristalizar acciones a las comunidades pobres, a mejorar las condiciones habitables, con énfasis en la problemática de direccionar a la gente de las zonas latentes ya diagnosticadas, aprovechando entre otros recursos los provenientes del Fondo de Regalías en el que se establece también su uso en este tipo de inversión, máxime si se observa que en años pasados, la ejecución para esta sección administrativa, no se efectuó totalmente en su presupuesto.

En vista a difundirse en grandes formatos los cien primeros días de los gobiernos locales, este tema hubiese sido connotativo de los ofrecimientos que en tal sentido prometieron poner en marcha los ya elegidos; ellos son servidores públicos convencidos de su valor social y entrega a las causas de los desprotegidos. Ahora deben cumplir en sus mandatos, con la seguridad de tener el reconocimiento de la sociedad en general y una respuesta efectiva de estos territorios muy distante a la desprestigiada Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD).

 

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