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jueves, febrero 29, 2024

Desafío para los sicólogos (y para todos)

Es tendencia

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Julián Cárdenas Correa

Columnista

Hacer voluntariado en la India cuidando elefantes o en un hogar de niños pobres en Turquía, son ideas y propósitos que le he escuchado a jóvenes colombianos y ese voluntariado les motiva tanto que conozco algunos que han renunciado a sus labores y a sus vidas por hacer cosas inspiradoras como esas. Ahora, cuando eso se vuelve norma, hay muchísimas cosas de fondo, y parece que tampoco estamos haciendo las reflexiones pertinentes.

No todo en la vida puede y debe ser inspirador, es más, creo que la inspiración si se vuelve causa común, deja de serlo. En unos pocos haciendo lo imposible es que hemos encontrado a través de la historia, la imagen de esos héroes que echan sobre sus hombros causas que el resto no estamos ni dispuestos ni en condiciones de afrontar.

Ahora bien, en las renuncias laborales de jóvenes con edades entre los veinte años y los treinta años, se va escondiendo un mensaje desafiante que es, más que un reto, una amenaza, y muy importante, para mantener las cosas como las conocemos, como las construimos.

¿Qué de inspirador puede encontrar un operario en poner, por ejemplo, puntos de soldadura? Es obvio que nada, pero he ahí el quick del asunto, las cosas que nos inspiran no tienen que estar en las organizaciones en donde laboramos, labor y trabajo son eso, y por ende es algo que hacemos a cambio de una remuneración. El dueño del recurso trabajo ofrece ese recurso en el mercado y las empresas ofrecen salario para quedarse con ese trabajo. No todo puede tener un propósito superior, ahí estamos transitando unas aguas que lucen bellas pero que simplemente no son sostenibles en el tiempo.

Son millones las actividades económicas que no inspiran, mientras que son muy pocas las que sí. Una cosa es que la empresa y sus socios sean generosos, que intervengan causas loables e inspiradoras, y otra muy diferente es que pretendamos que todo lo que hacemos sea inspirador y humano.

Nos vamos quedando con unos retos para los que no estamos preparados. No podemos esperar que todos los empleados se sientan inspirados, el mensaje también es que la inspiración también está en el compartir con la familia y amigos, en lograr el bienestar de nuestros seres queridos, en apreciar una puesta de sol o unos campos regados por la lluvia.

Es probable que algunos jóvenes ministros y políticos visibles pretendan cambiar el mundo, es loable, insisto, pero a la postre necesitamos pegar botones, coser prendas, soldar metales, hacer mezclas químicas, limpiar casas, vender seguros, poner ventanas, hacer mecánica, pegar ladrillos y hacer tantas cosas que son sólo trabajo. Pero ese trabajo a la postre dignifica al hombre, el propósito debemos encontrarlo en la vida, no sólo en los lugares de trabajo.

Yo también quisiera que muchas cosas cambiaran, pero creo que el primer desafío es terminar determinado libro, correr media maratón en menos de dos horas, conservar a los empleados y que estén contentos, escribir estas columnas, compartir con amigos y familia y hacer uno que otro aporte a la sociedad. Sé que no todo mueve almas, pero “debemos preparar a los niños para el camino y no el camino para los niños”.

Vender esta idea es responsabilidad de todos.

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