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miércoles, julio 24, 2024

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Henry Carvajal Castro

Columnista

Esta columna es del escritor Gonzalo Hugo Vallejo Arcilla, autor del Libro “La Ciudad de la Esperanza” y toca un tema que hace parte de la gran problemática de Pereira: su espacio público.

“La debilidad institucional del Estado y de la Municipalidad manifestada en la querencia de los más elementales sistemas de control social, ha permitido que se abuse reiteradamente del Espacio Público por parte de sectores de todos los niveles sociales, desde el vendedor callejero que se implanta con el argumento de ser padre de familia en cualquier esquina, hasta un contratista que viola los linderos y normas urbanas para hacer su proyecto “más rentable”, pasando por las instituciones que cercan y, privatizan, lo que han considerado su espacio público.

La perdida de competencias municipales, la enajenación irracional de predios y la actitud de dejar hacer, se han impuesto como norma y ha permitido que se cometan todos los desmanes. Las competencias Municipales deber ser innegociables y, el compromiso para consolidar, proteger y mejorar tanto los espacios urbanos, como los servicios a la ciudadanía, deben ser el fuerte de la gestión Municipal. El hecho que se considere la participación de los sectores privados para lograr una consolidación de la gestión, no supone en ningún caso la perdida de dichas competencias.

Cuando la Municipalidad y el Estado delegan sus competencias y permiten el uso indiscriminado y no consensuado de los espacios públicos, está comprometiendo sus responsabilidades administrativas, lo que acarrea una pérdida real de las mismas y está enajenando el bien común expresado en el espacio público.

Se deben reconocer las competencias y la autoridad del Municipio, para preservar características esenciales del espacio público, con la libre accesibilidad a los espacios y el uso consensuado y compartido del mismo. Una nueva modalidad administrativa y de co-gestión argumentan el nuevo paradigma de la competitividad urbana que riñe con la sostenibilidad de proyectos de desarrollo humano antidemocrático e inequitativos que desde el punto de vista social, nos hace olvidar que no puede haber un mejoramiento de la calidad de vida, cuando ha dejado de ser el objeto de la gestión municipal. 

Espacios públicos y virtuales y, paisajes urbanos organizados, secuestrados de la comunidad, nos hace olvidar que la ciudad no es simplemente un sitio para disfrutar la estética puro-visualista, sino un espacio para vivir, en la medida que las Administraciones Municipales reasuman sus competencias”.

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