22.4 C
Pereira
lunes, mayo 20, 2024

De Sopinga a la Virginia

Es tendencia

- Advertisement -

Sus calles anchas, de casas amplias y espaciosas, en donde se mezcla la arquitectura clásica,  colonial y por supuesto paisa, la hacen, cumplidos ya el 28 de noviembre sus 135 años,  evocadora, singular y propia en el concierto de un departamento como Risaralda. La Virginia  desde siempre ha sido un cruce de caminos privilegiados, por ella han pasado arrieros, trenes,  barcos, automóviles y su medio insignia de transporte, la bicicleta.  

Sus padres como pueblo, y según prestigiosos historiadores como el respetado educador  Bernardo Arias Trujillo y Jorge Eliecer Calle, entre otros; fueron Francisco Jaramillo Ochoa,  Pedro Martínez, Leandro Villa y muchos más. Se llamó inicialmente Nigricia y Sopinga,  luego la Bodega y finalmente la Virginia; haciendo alusión a la dueña de una casa de  diversiones y fiestas, perteneciente a “doña Virginia”. Casa en la cual hoy reposa una  simbólica placa. 

Sentarse a degustar un café o una caña fría para mitigar el calor en su parque es ver pasar al  país entero: blancos, afros, mestizos, indígenas, todos caben en sus singulares espacios y  modos de vida. Los “Sopingas”, como les gusta que los llamen a muchos, han sido forjadores de una economía hecha a pulso y con esfuerzo que hoy los hace sentirse orgullosos y  mostrarse como un municipio biodiverso, donde distinto al café, son expertos en gastronomía  pesquera, cañera (dulces, licores y todos sus derivados), y una gran apuesta por el turismo. 

En cada esquina hay un “viejo farol que alumbraba mis penas”, o la “escuela de doña Luisa”,  o el “lejos del tambo”, que evoca el paso de uno de los más grandes cantautores del país, el  sinigual don Luis Ángel Ramírez Saldarriaga, el famoso Caballero Gaucho. La Virginia pertenece a los pueblos estacionados a la orilla del gran río Cauca y del Risaralda; ahogada a  todas horas por un sol que no da tregua, pero que inyecta ganas de vivir, de respirar, de  cantar, de amar y sonreír, por difíciles que se pongan las cosas.  

Pareciera que el sol tuviera su casa en la Virginia; sale por la mañana y en la tarde regresa  para dormir en su Puerto Dulce. La Virginia hoy por hoy se abre paso como ninguna y quiere  ser protagonista del concierto departamental y nacional; no en vano ya es “Metropolitana”.  Con un sistema de transporte envidiable, unas empresas como el Ingenio y las zonas Franca e  Industrial que proveen a muchos de trabajo. Con unas mujeres hermosas y luchadoras; con  una población en crecimiento que la hace poseedora de un gran presente y futuro por su basta  niñez y juventud. Tierra de artistas, poetas, músicos y ante todo gente llena de alegría y  orgullosa de su tierra.  

La fe y el amor a Dios han sido igualmente sus timones; su parroquia principal, Nuestra  Señora del Carmen, de una arquitectura neocolonial preciosa, se alza en su torre airosa y  orgullosa de tener al Creador. Unida a la de la Inmaculada; las dos con un gran gestor y  

hombre líder y espiritual, el Presbítero Roberto Naranjo. El ADN de los virginianos es su  alegría, su amor y fe en su tierra. Por eso cada domingo cantan y bailan en el parque  principal, al son que les tocan. ¡Felices 135 años!

Para estar informado

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -