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miércoles, abril 17, 2024

De Roux y Uribe

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Alberto Zuluaga Trujillo

Columnista

En la cita informal llevada a cabo el pasado lunes 16 entre el expresidente Álvaro Uribe y el padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, en la casa del primero en Llanogrande, Rionegro, Antioquia, se buscó reconstruir la historia del conflicto, a la que previamente Uribe publicó un documento de 61 puntos en los que dejó claro que, personalmente, no confería legitimidad alguna al Acuerdo de La Habana y, por consiguiente, a la Comisión de la Verdad. Fue, pues, una charla no oficial, en la que el único expresidente que se ha negado a comparecer ante ese organismo, aceptó sentarse con el jesuita, para según él, hablar con franqueza sobre el conflicto armado y sobre los señalamientos de que ha sido objeto por los falsos positivos en su Gobierno y su supuesta afinidad con los grupos paramilitares. Aseguró que bajo su mandato, a diferencia de Santos, promovió una negociación de paz en las que las Farc y los paramilitares tenían que pagar cárcel, afirmación que no corresponde a la verdad, pues su modelo propuesto de Alternatividad Penal, no incluía penas de prisión y sí en cam,bio, les daba posibilidades políticas a los exjefes de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Y sin querer queriendo soltó la perla de que Colombia lo que requería era una “amnistía general”. “Casi que un borrón y cuenta nueva”. Con su propuesta, busca confeccionarse  un traje a sus exclusivas y exactas medidas. Ahí se sintió liviano. Ese era el propósito de la reunión con el presidente de la Comisión de la Verdad. Sabía muy bien, como habilidoso estratega, que la prensa, nuestra prensa, siempre dispuesta a ser su amplificadora, se encargaría de ambientar, en primeras páginas y en letras de molde, su “genuina y patriótica propuesta nacida de su noble corazón”. Por ratos, se oía la voz de Tomás, su hijo, desde adentro de la casa, pues no hizo presencia ante las cámaras pero, sí, con gran claridad se le escuchó interpelar a Olga Lucía González quien, junto a Leiner Palacio, asistieron como comisionados: “Yo nunca diría, comparto los principios de las Farc, ni de Pablo Escobar, ni de Mancuso ni de ningún grupo terrorista, todos me saben a mierda”. Después de seis horas de diálogo, sin puntos de acuerdo, donde negó que hubiese exigido muertos por resultados, el padre de Roux lo invitó a dar el paso y reconocer la legitimidad del Acuerdo de Paz. Uribe aseguró que la amnistía es una idea que le ronda la cabeza desde hace tiempo y que va unida a otros asuntos como acabar con la corrupción, combatir el narcotráfico y reducir el tamaño del Estado para lograr la paz y la convivencia entre todos los colombianos, propósitos que en este gobierno, que es de su inspiración, contradicen ese deseo, pues la corrupción continúa y el Estado se ha agigantado. No debemos olvidar que las elecciones ya están cerca y el Centro Democrático no repetirá, ni de lejos, las anteriores votaciones. Hay que darle de comer al circo, pero este, elección tras elección poco a poco ha ido aprendiendo. Hay que recordar igualmente, que la amnistía para crímenes de lesa humanidad como lo son asesinatos, exterminios, esclavitud, desplazamientos, privación de libertad, tortura y violaciones, cuando son sistemáticos, generalizados y dirigidos contra la población civil, no son amnistiables. Solo, buscando alcanzar la paz, pueden darse respetando rigurosos estándares internacionales. De lo contrario, tribunales nacionales e internacionales, declararían su invalidez.

alzutru45@hotmail.com

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