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lunes, julio 15, 2024

¿De qué viviríamos?

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Por: Walter Benavides Antia

Escribía la semana pasada que, en los últimos 18 años, Risaralda solo muestran mejoría en 4 de las 12 actividades de la economía; comercio, sector financiero, sector público y la diversión (el chupe, según la administración anterior). Descartando el financiero y el sector público (gobierno), solo somos comercio y chupe.

Hoy solo se puede justificar una reforma a la Constitución del 91, si es para fortalecer la democracia a través de racionalizar y fortalecer la inversión pública regional, reclamando los departamentos al menos el 80% de los impuestos recaudados por la Dian, como Recursos Propios.

Risaralda, no recibe vía transferencias, ni el 50% de lo que recauda anualmente el gobierno vía DIAN, tema que trataré con cifras más adelante. Mientras Manizales recauda el 70% de lo de Pereira y Armenia el 40%, ambas capitales reciben transferencias superiores a nosotros que si generamos riqueza.

Creo que llegó la hora de pensar en la figura del Federalismo fiscal, donde las Regiones (sumatoria de departamentos) construyan su propia historia y su destino, con sus recursos y no con el querer del estado central.

Creo que llego la hora, de pasar sin demora de la RAP a la REP, ante el extremo a que ha llegado la mendicidad de dependencia del poder central, y lo nos cuesta a los departamentos “mantener la burocracia del sector central”.

Hecho 1. El Gobierno expidió la semana pasada el Decreto 766 (junio 24), que le permitió recorte del presupuesto para 2024 de $20 billones, para mantener la proyección del MFMP. Busca el MHCP, garantizar (dicen), el cumplimiento del Marco Fiscal, en línea con el Plan Financiero 2024, disminuyendo partidas que no ponen en riesgo programas estratégicos de inversión pública. En el papel, 67% sobre gastos de funcionamiento ($13,4 billones) y el 33% sobre inversión ($6,4 billones).

Sin conocer aún el recorte en inversión, de antemano anticipamos que Risaralda (si recibe), recibirá migajas de la torta servida en la mesa principal.

Hecho 2. Si a lo anterior le sumamos que el presupuesto aprobado fue inflado en ingresos en un 15%, regresaremos inexorablemente a la época del COVID (virus chino) y espero salgamos vivos.

Y aquí nace la primera inquietud, ya que recortados los recursos de inversión pública (generador de empleo), los recursos del decreto se empelarán en pago de Servicio de la Deuda interna y externa y en Funcionamiento: 53 billones (17%) para inversión, 76 billones (24%) para Servicio de la Deuda, y 185 billones (58%) para Funcionamiento, que no es otra cosa que el sostenimiento de una gran burocracia (congreso y 18 ministerios, más un sinnúmero de entidades unas reales y otras fantasmas), que lo justifican, con el argumento que el Estado debe proveer de empleo a la población. Nos acostumbramos, a sostener la frondosa burocracia, costeña cachaca que nos gobierna sin piedad y sin justicia, hace un buen tiempo.

Triste realidad la que enfrentaremos los departamentos pequeños y pobres, y que nos lleva a pensar seriamente como región, en una federalización en materia tributaria, pues algunas regiones, están cargando con la ineficiencia de otras, y alguien o algo debe poner fin a esta odiosa situación. La violencia es motivo suficiente para explicar la inmensa brecha que día a día generan esta clase de hechos políticos.

Es hora de luchar por fortalecer y consolidar la autonomía local, con soberanía fiscal (recursos) para que las regiones tengan regímenes tributarios propios y direccionen la inversión, hacia lo que definan como vocación territorial, los POTs, y los planes de desarrollo, hoy cortos de financiación. La falta de recursos, erosionan la legitimidad del Estado y de eso ya nos hemos dado por enterados.

La pregunta que surge entonces es, ¿De qué viviríamos?

Historiadepereira.com

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