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jueves, junio 20, 2024

De la Nacional a la Tecnológica

Es tendencia

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Por: Pbro. Diego Augusto Arcila Vélez

Las Universidades tienen su historia fundacional en la era greco-romana S IV-I, fue Academo  estratega militar que junto a Sócrates y Platón fundan la primera, de allí “academia”, de  Academo. Ellas crecieron bajo el principio de la Autonomía e independencia, especialmente  del poder político o social imperante del momento. Reunirse bajo la premisa de la ciencia y el  humanismo fue siempre su bandera. Casi que un principio fundamental de ellas era no dejarse  permear por las estrategias burocráticas de cualquier poder que no fuera el venido por la  razón y la regla científica. Así se hizo y se guardó desde épocas pretéritas hasta la alta y baja  Edad Media, S. XII-XV, en donde la Iglesia funda con los mismos principios de autonomía y  razón grandes Universidades como Oxford en Inglaterra, Lovaina en Bélgica, Salamanca en  España y un sin fin de claustros para el desarrollo de los pueblos y urbes del mundo.  

Fue ya en la época de la Revolución Francesa y Victoriana de Napoleón, S. XVIII, en donde  las Universidades fueron “invadidas” por emperadores y reyes, luego por el proletariado  “furibundo” que se las apropió para sus bienes y propósitos, a fin de extender una educación  popular y cargada de consignas que destruían lo que en esencia es la Universidad: un lugar  para que todos, reyes y proletariado, construyeran un mundo más justo y equitativo en la  consecución de un proyecto de vida personal y comunitario que ayudara a todos. La  institución universitaria es el muro de contención de una sociedad ávida de poder y de  desigualdad. Nada más altruista en la construcción de la paz, la verdad y la justicia que una  universidad.  

La crisis dolorosa por la cual está pasando la más grande institución del país, la Universidad  Nacional, en los últimos acontecimientos que ya conocemos por las “ansias de poder” en la  elección de su más alta directiva, el Rector, ponen de manifiesto que el principio de  Autonomía Universitaria, el más importante y definitivo, se derrumba y nos pone nuevamente  en las épocas Napoleónicas o Stalinistas en donde el conocimiento es relevado a un segundo  plano, y en lugar de él, se agitan los intereses de unos y otros ahogando lo que ni la política,  ni la economía y ni siquiera la religión podrían hacer: educar al ser humano para no castigar  al ignorante.  

La autonomía universitaria que rige el funcionamiento de los entes de educación superior del  país y sus programas hoy proviene de la Constitución Política y está reglamentado por la ley.  Así lo dispone la ley 30 de 1992 en el artículo 3ero: “El Estado, de conformidad con la  Constitución Política de Colombia y con la presente Ley, garantiza la autonomía universitaria  y vela por la calidad del servicio educativo a través del ejercicio de la suprema inspección y  vigilancia de la educación superior”. Por lo tanto, y según lo leído, cualquier “amague” de  intervención por parte del Estado en la autogestión de las universidades implica una violación  laceral al principio de autonomía universitaria. Dice el adagio popular que todos los caminos  conducen a Roma, parodiando esta frase podríamos decir que todo lo sucedido en Bogotá,  puede conducirnos a Pereira. Adenda: a un mes de desaparición forzada del padre Darío  Valencia Uribe, le preguntamos a las autoridades: ¿Qué ha sucedido con dicha investigación?  ¿Qué rastro hay del padre?

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1 COMENTARIO

  1. Este sacerdote debe ser más objetivo. Hay necesidades sentidas de las comunidades y necesitamos que las Universidades sean más académicas.

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