Cultura sismorresistente

Por Andrés García

 

El tema de conversación en el país, particularmente en el departamento de Risaralda, continúa siendo el impacto del terremoto del diez de agosto de 2026. Historias acerca de qué estaban haciendo las personas en el momento del movimiento telúrico, el grado de afectación y las medidas a las cuales se han visto abocadas las personas para solventar la tragedia, avanzar y seguir adelante. 

 

Historias muy complejas, resiliencia, solidaridad, esperanza, trabajo en equipo, reconciliación, perdón, emprendimiento, lucha, entre otros muchos, son las base de las conversaciones suscitadas, acompañadas – como es de esperarse – por un tono emocional que permea los diálogos en las diferentes esferas.

 

En ese sentido, considero que la cultura sismorresistente no aplica únicamente para normas, materiales, formas y estructuras para la construcción. La cultura sismorresistente hoy día apunta hacia la reconstrucción de las relaciones, iniciando por la elaboración del duelo, asumir la pérdida, hacer catarsis de las emociones, la capacidad de aprendernos a cuidar, el fortalecimiento de la autoestima y cuidar la salud mental bajo el entendido de que la cultura es un derecho humano y social. 

 

El termino cultura es un concepto que hoy está llamado a rebasar los límites a los que tradicionalmente se le ha asociado, como un mero acto protocolario, una presentación artística o un escenario. Es por supuesto todo esto pero sin dudas es mucho más. La cultura es una dimensión mayor que, ante todo, fortalece el tejido personal y social a partir del cual se erigen nuestras comunidades. El terremoto no solo derrumbó edificaciones, colegios, albergues, casas, apartamentos y vías. También socavó las bases de la tranquilidad de los risaraldenses, sumiéndolos en un estado permanente de miedo, alerta, ansiedad, desconfianza y desesperanza aprendida, ante lo cual urge fortalecer el componente cultural.

 

Necesitamos de mejores columnas de autoestima, vigas de esperanza más resistentes, cementos de fortaleza interior, arena de unión, gravas de perdón, varillas corrugadas de optimismo, flejes de voluntad, alambres de solidaridad, paneles de disposición, puntales de solidaridad, desmoldantes de resiliencia y, en especial, una Fe férrea por norma suprema. 

 

La cultura no es un accesorio ni solo el telonero de los eventos. Es la columna vertebral de la estructura social, en la que además de los agentes, los colectivos y las industrias culturales y artísticas, todos participamos. Todos, sin excepción, somos artistas, somos moldeadores de nuestra existencia, la misma que hoy más que nunca se ve abocada a levantarse unida y a parar este pedazo de Colombia al que amamos, llamado Risaralda. Secretario de Cultura de Risaralda.

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