Héctor Tabares Vásquez
En la gran mayoría es un común denominador ingresar de forma intempestiva, más emocional y extremista, en lugar a la de carácter sensato e intelectual, desde luego, imposible de darse en ciertos sectores y estratos. Es entrar a depositar los males de un colectivo, con fundamento en la directriz trazada en alguna filiación partidista, en particular y de modo categórico, en el Estado. En manera alguna acude el género humano, en el sitio en el cual quiera estar o circular, a determinar culpa propia en las conductas por él ejecutadas, aprobando terminante y sinceramente la contribución inexorable en las materias alrededor de las cuales gira su desgracia y coyuntura comunes. Si remontamos en el tiempo, un paso hacia atrás y empezamos a ir atando cabos en ese devenir de la situación colectiva y económica, debemos comenzar a cuestionar a la sociedad, a nosotros, si nos hemos permitido la licencia de preocuparnos en la orientación adecuada y pertinente, en el cometido de prevenir los resultados de un accionar completamente negativo, nocivo y perjudicial. Un ejemplo radical, un poco duro, arriesgado y quizás también sacrílego, desafiante, blasfemo e impío, de analizar las relaciones sexuales, en el matrimonio, la unión libre o la vida de consorte, en la intención de ahondar en reflexión de íntima elección y de voluntad recapacitada y estudiada a futuro. Si en el desarrollo de comunidad carnal habrá espacio en meditar si la comunión de cuerpos genera la presunta interrogación de lo a suceder a posteriori, si existe la conciencia idónea a fin de decidir el acto es realizado bajo los sanos principios del amor puro y si encontramos la capacidad suficiente para pensar en un mañana, de las condiciones en las que es traída al mundo a una criatura. Hay considerable probabilidad de hacerse caso omiso de lo expresado. Debatirse en el plano moral, gregario y cerebral, si se ha dado la ocasión de plantearse el asunto regido en fundamentos religiosos, de corriente política y de un gobierno cualquiera. Si hubiesen tenido la genial idea de promover en centros, comunas, empresas, en cuanto paraje donde aparezca un vecindario susceptible de fomentar la serie de circunstancias orientadas a la capacitación, en aras de concederle a la población la oportunidad de prepararse en el firme propósito de tener agenda social encaminada a la procreación; consciente de las obligaciones y de los imperativos materiales y espirituales como fruto de un evento, así sea el producto del cariño, del simple vínculo, aceptando los niveles de conceptualización de los efectos y naturaleza de los procederes fisiológicos del hombre y la mujer. Aquí no significa inmiscuirse en la privacidad de las personas y de las parejas y menos aún de censurar la realidad de normal convivencia, al constituir afrenta a derechos trascedentes, innatos y propios del ciudadano, al margen de la clase de sexo. Es problemática planteada al tenor de las consecuencias , en la medida en desearle apuntar preferentemente a una Institución, al conglomerado mismo, a las afujías y necesidades, siendo de las más sobresaliente la desidia, de la responsabilidad individual o gremial, de directores y jefes, mayormente exigidos en el deber en administrar bienes y servicios. No suena correcta la opción elegida unilateralmente tomada en el seno de un hogar, gestando la condena a la culpabilidad de quienes en todo o en parte son ajenos a la cuestión planteada. Es factible un comportamiento cuyas actuaciones privadas o no, representen orden alguno si gozan la propiedad de la coherencia, pues la índole de solterón, pueda llevarlo a las opiniones expuestas.
