¿Cuántas humillaciones más, señor Álvaro López?

Escrito por Sebastián García Díaz, periodista digital del Diario del Otún.

Lo de Deportivo Pereira ya no admite maquillajes, excusas ni discursos vacíos. Cada fecha que pasa confirma lo que hoy es imposible ocultar: el equipo atraviesa una crisis profunda, dolorosa y cada vez más vergonzosa. La derrota de anoche, otra más en una cadena de fracasos, volvió a exponer el tamaño del desastre deportivo e institucional que golpea al club matecaña.

Los números son demoledores. Pereira apenas suma 4 puntos de 27 posibles, incluso teniendo un partido menos. Es un registro indigno para una institución con historia, con hinchada y con una ciudad que no merece presenciar, semana tras semana, el derrumbe de su equipo entre la impotencia, la rabia y la desilusión.

La pregunta es inevitable: ¿de verdad a alguien en la dirigencia le importa lo que está pasando? Porque desde afuera lo que se percibe es abandono, indiferencia y una preocupante desconexión con la realidad del club. Y en el centro de esa tormenta hay un nombre propio: Álvaro López.

Señor López, la responsabilidad principal de este desastre deportivo recae sobre su gestión. Usted no puede seguir mirando hacia otro lado mientras el equipo se hunde y la afición pierde la paciencia. La hinchada del Pereira merece respeto, merece respuestas y, sobre todo, merece decisiones. Lo mínimo que se espera de un dirigente es decencia para reconocer el fracaso y respeto para no seguir sometiendo al club a esta cadena de humillaciones.

Pero no toda la crítica puede quedarse en los escritorios. Lo que también se vio en la cancha fue inadmisible. Hay jugadores que parecen caminar los partidos, competir sin alma, sin carácter y sin el mínimo compromiso con la camiseta que representan. Se puede aceptar la falta de talento en algunos sectores, se puede entender que el plantel no tenga la jerarquía suficiente para pelear con solidez en la primera división, pero lo que no se puede negociar nunca es la actitud.

Y eso el hincha matecaña no lo perdona. Porque perder puede pasar; lo que resulta insoportable es perder sin rebeldía, sin orgullo y sin mostrar amor propio. Hoy el problema del Pereira no es solo futbolístico: también es anímico, institucional y moral. El equipo transmite resignación, y esa es quizás la señal más alarmante de todas.

Lo que ocurre ya es vergonzoso. Vergonzoso para la dirigencia, vergonzoso para varios futbolistas y vergonzoso para una institución que parece haber perdido el rumbo. Deportivo Pereira no necesita comunicados tibios ni promesas recicladas: necesita liderazgo, autocrítica y decisiones urgentes.

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