Crhistian Londoño Orrego
“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.” Eclesiastés 3:1
Reconstruir no es un proceso de la noche a la mañana y menos después de una tragedia, miles de familias esperan soluciones para recuperar sus viviendas y todos anehalmos que Risaralda se levante; lograrlo no es sencillo, requiere gestión, recursos, coordinación, pero por encima de todo tiempo, la reconstrucción real es un proceso largo más allá de la urgencia inmediata
Es desalentador observar que el sufrimiento humano se transforma en capital político para la confrontación; una cosa es exigir, preguntar y hacer control, es necesario en una democracia, otra muy distinta pretender que nada se está haciendo, desconocer los esfuerzos y llevar un mensaje de abandono a escenarios nacionales, como si el desastre fuera una oportunidad para golpear al adversario.
La política en su originen más puro, fue concebida como la ciencia del bien común, ese «deber ser», debería convencer con propuestas, con obras, con resultados y con la palabra cumplida, no con el ruido permanente de quien necesita desacreditar al otro para intentar regresar al poder, distorsiones modernas que transformaron el debate en un campo de batalla electoral, cuestionemos entonces ¿qué hicieron los críticos cuando tuvieron la oportunidad de gobernar? Porque es fácil convertirse en crítico cuando ya no se tiene la responsabilidad de decidir, administrar y responder.
Risaralda necesita menos politiquería y más propósito, necesita que quienes gobiernan gestionen y que quienes hacen oposición controlen, pero que también propongan y reconozcan cuando se está haciendo bien, porque después de esta tragedia, las diferencias políticas deberían quedar en segundo plano, porque necesitamos soluciones, no protagonistas.
Criticar es legítimo, pero usar el dolor de una comunidad para sacar ventaja política es otra cosa, porque mientras algunos calculan cuánto puede rendir políticamente una tragedia, otros simplemente están intentando reconstruir su vida y ellos no necesitan discursos, necesitan que todos, desde el lugar que ocupemos, ayudemos a levantar a Risaralda.
