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miércoles, junio 19, 2024

Contra los acuerdos de paz

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Por: Iván Tabares Marín

Primero se hizo una reforma constitucional en 1991 con la participación de los guerrilleros del M – 19 que el año anterior habían firmado un acuerdo de paz después de su fracaso en la toma del Palacio de Justicia en 1985; pero ahora, esa Constitución no le gusta a Gustavo Petro y hay que hacer otra. 

Luego, en 2016, se firmó otro acuerdo irregular con algunos comandos de las FARC. Ese grupo, el cartel narcotraficante más grande del mundo, no tenía el estatus político que le daba el marxismo desaparecido, pero el presidente Juan Manuel Santos lo inventó para obtener el millonario premio del Nobel de Paz y satisfacer su narcisismo. Creó la ficción de que un grupo guerrillero, muy golpeado por el gobierno del Dr. Álvaro Uribe Vélez, era un ejército de otra nación, con apenas cincuenta mil votos y con el derecho de negociar con un ejército que representaba a 50 millones de colombianos.

De esa forma burlaron el Derecho Internacional, fingieron que los delitos cometidos por los guerrilleros, incluidos los de lesa humanidad, eran politicos, cuya sanción debía ser simbólica y así eludían la Corte Penal Internacional los guerrilleros y el Ejército de los falsos positivos. El Acuerdo fue un intercambio de impunidades entre las FARC y un Ejército también genocida.

Las tres ramas del poder público conformaron un concierto para delinquir y aprobar el acuerdo que había negado el plebiscito. Los resultados están a la vista. Una Comisión de la Verdad que redujo su informe a una apología de la ideología comunista fracasada en 1989; una JEP completamente inútil porque no hubo verdad ni Justicia; la indemnización de las víctimas la hacemos los colombianos sin ninguna responsabilidad en el conflicto y la inseguridad es peor hoy que la encontrada por el Dr. Uribe Vélez el 7 de agosto del 2002.

La Reforma Rural Integral ignoró las recomendaciones negativas de expertos internacionales porque la propiedad de la tierra es una suma cero, porque ha fracasado en casi todos los países y no tenía ningún sentido en nombre de la izquierda que, desde Carlos Marx, había despreciado a los campesinos como sujetos revolucionarios.

Las curules asignadas a las FARC y a las víctimas fue otra jugada sucia para darle mayorías en el Congreso a un eventual gobierno de izquierda. Se olvidaron del 70 por ciento de los colombianos residentes en las ciudades para embarcar al país en unos gastos inmensos que no solucionan los problemas del campo y comprometen el desarrollo futuro de Colombia. 

Pero el más grande perjuicio fue la infiltración en nuestra Carta Política del perverso enfoque de género, matriz de la Nueva Izquierda posmoderna, y que la mayoría de la humanidad condena desde la Declaración de Ginebra (2022). Y para que la tragedia continúe, el ELN considera que debe hacer una nueva Constitución con la complicidad del M – 19 en el poder y el sainete de la participación de una sociedad civil inventada para el montaje. 

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