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viernes, marzo 1, 2024

¡Cómo ha cambiado la política!

Es tendencia

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Ernesto Zuluaga

Columnista

La forma de hacer el proselitismo político se ha transformado de una manera dramática en todo el mundo y obviamente nuestra patria no es la excepción. Las campañas electorales son cosa muy diferente a la usanza de décadas anteriores. Todo cambió cuando aparecieron las redes sociales y se convirtieron en la forma más expedita de acceder a cualquier ciudadano y de llamar su atención. Los candidatos en su empeño por ganar seguidores han priorizado el uso del internet en todas sus formas eliminando gradualmente la realización de grandes manifestaciones en plaza pública y los fatigantes y difíciles recorridos para acceder a todos los municipios y en general a todos los rincones de la nación. El mayor peso de los gastos en las campañas presidenciales se inclina sobre tres aspectos principales: la publicidad, el manejo de redes sociales y la estrategia.

Desde hace treinta o cuarenta años los candidatos volcaron su atención sobre los medios de comunicación. La televisión, la radio y la prensa escrita se convirtieron en instrumentos inmejorables para difundir las ideas y la imagen que se quiere proyectar. Los desplazamientos y las grandes concentraciones ofrecían riesgos enormes debido al conflicto armado, al narcotráfico y a la inseguridad en general. Alan Jara, Jorge Eduardo Gechen Turbay, Ingrid Betancur, Consuelo Araujo, Guillermo Gaviria, Gilberto Echeverri y Luis Carlos Galán, entre muchos, son el claro ejemplo de esta realidad. Cobraron auge entonces los debates y los foros televisados y las vallas publicitarias que inundaron el paisaje urbano.

Todo esto sucedía en medio de una cruda polarización de las posturas políticas e ideológicas que paulatinamente ha logrado dividir al mundo en dos extremos casi irreconciliables: la izquierda y la derecha. No hay puntos medios. La sociedad estadounidense está «quebrada». Cada día son más distantes las posturas entre demócratas y republicanos. Los alemanes han visto renacer en su seno tendencias de ultraderecha afines incluso algunas de ellas al nazismo. Marine Le Pen obtuvo el domingo pasado la mayor votación de la ultraderecha en la historia francesa con un discurso antieuropeo, abogando por la «desislamización» de la sociedad, proponiendo cerrar las puertas al multiculturalismo y a la inmigración. De esta manera se han exacerbado por todo el planeta los fundamentalismos, especialmente la xenofobia, como ejes del discurso político.

En Colombia las tendencias son similares. Desde hace varios años las campañas electorales muestran un paulatino y claro distanciamiento, casi una ruptura, entre los dos extremos. Las posturas de «centro» son interpretadas como «eunucas», flojas y sin norte, desprovistas de discurso y de propuestas. Los candidatos que han tratado de meterse por la mitad de esta polarización y que han intentado acuñar el tibio concepto de «centro» (Fajardo y toda su pléyade de «esperanzistas») han visto languidecer sus hordas electorales hasta el punto en que los resultados del mes entrante pueden llegar a ser ridículos.

Otro instrumento que ha tomado auge en estos nuevos tiempos es el del «miedo». Ante la imposibilidad de diferenciarse y de atinarle a lo que el electorado quiere escuchar los partidos políticos y los candidatos han apelado a esta herramienta que cala fácilmente en los corazones. El pánico y la calumnia ejercen la supremacía en el quehacer electoral. Siempre estará vigente aquello de «calumniad, calumniad, que de la calumnia algo queda».

Nunca habíamos estado tan invadidos por la política. Nuestras redes están colapsadas, asaltadas por mentiras y desinformaciones (fake news). Hago parte de veinte o treinta chats comunitarios creados con fines altruistas pero que han perdido su esencia al ser atacados sin misericordia por majaderos que quieren imponernos sus tesis electorales. No sé ustedes, pero yo estoy hastiado.

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