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lunes, febrero 26, 2024

Colombia, ¿un país de castas?

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Uriel Escobar Barrios

Columnista

Una persona que nace en condiciones de pobreza debe continuar en esa misma situación socioeconómica hasta su muerte, y sus descendientes heredarán los mismos atributos que caracterizaron su nacimiento. Este es uno de los postulados de las leyes de Manu, que se encuentran compilados en el Manusmriti, un libro que data aproximadamente de 1000 años antes del nacimiento de Cristo y que regulaba las formas de relación social en la antigua India. El sistema de estratificación social o de castas dividía la sociedad en cinco grupos: los bramanes, conformado por maestros e intelectuales que se encontraban en la parte más alta de la pirámide y disfrutaban los mayores privilegios de la sociedad; los kshatriyas, es decir, los guerreros y los gobernantes; los vaishyas o comerciantes; los sudras, quienes realizaba los trabajos más “bajos” de esta pirámide social; y, finalmente, los dalit o “intocables”, los más pobres y discriminados en la sociedad india. Este sistema era absolutamente rígido y la persona que nacía en una determinada casta no tenía ninguna posibilidad de ascenso en el rango social y debía aceptar resignadamente esta predeterminación de los dioses.

¿Ha desaparecido tal sistema oprobioso, que atenta contra la dignidad del ser y del colectivo en la sociedad moderna? Parece que no, aunque no esté normado por leyes sagradas, como sucedía en la antigua India. La realidad que viven muchos países en vías de desarrollo confirma que las desigualdades sociales, desde el punto de vista económico, son cada vez más abismales y las posibilidades de que franjas mayoritarias de la población tengan negada la posibilidad de acceder a servicios básicos que les permitan tener una vida digna están validadas por estudios socioeconómicos. El reciente informe publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) registra con preocupación el incremento de la pobreza en las personas con mayor vulnerabilidad que han perdido el 30 % de sus ingresos tras la pandemia. Jens Arnold, uno de los economistas de la organización, concluye con una sentencia aterradora: para estas familias en situación de pobreza (que, según el DANE, alcanzan los 21.5 millones de personas), ¡se necesitan once generaciones para salir de la pobreza y llegar a la clase media!

La desigualdad social que vive Colombia no fue decretada por Brahma (dios creador), ni por Vishnú (dios preservador) y mucho menos por Shiva (el dios destructor); ¡nada de eso! Es el resultado de largos años de explotación que han sumido a nuestro país en una profunda desigualdad social, que debe ser, a no dudarlo, el principal problema que deben afrontar los nuevos gobernantes, para que no haya un país de castas, sino una nación solidaria y fraterna, donde el valor de la vida humana en situaciones de dignidad y garantía de derechos sea la norma fundamental de convivencia social.

www.urielescobar.com.co

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