COLOMBIA FLORECE CUANDO CUIDA A SUS NIÑOS

María Irma Noreña

Abril, el mes del niño, siempre ocupa un lugar muy especial en mi corazón. Es un tiempo que nos invita a mirar a Colombia desde lo más valioso que tenemos: nuestra niñez. Allí vive la esperanza más pura del país. Allí nace la posibilidad de una Colombia más fuerte, más preparada, más justa y más humana.

Yo creo profundamente que cuidar a nuestros niños es una de las misiones más hermosas que puede asumir una nación. Cuidarlos es acompañar sus primeros pasos, abrazar sus sueños, abrirles caminos y sembrar en ellos la certeza de que sí pueden llegar lejos. Por eso, cada vez que pienso en el presente y el futuro de Colombia, pienso en nuestros niños y en todo lo que podemos hacer para que crezcan rodeados de oportunidades.

Hoy las cifras también nos muestran con claridad dónde está una de las grandes oportunidades del país. Según el DANE, en el trimestre octubre-diciembre de 2025, Colombia registró 302 mil niñas, niños y adolescentes entre 5 y 17 años que trabajaron, y el 51,6% de esa población se concentró en centros poblados y rural disperso. Estos datos nos inspiran a mirar con más atención, más compromiso y más amor a nuestra niñez rural, porque allí hay un inmenso talento esperando respaldo, confianza y oportunidades para florecer. 

Por eso estoy convencida de que hablar de niñez también es hablar de equidad territorial. Es reconocer que cada niño del campo merece las mismas herramientas para construir su proyecto de vida, aprender con alegría y avanzar con dignidad. Colombia florece más cuando sus oportunidades llegan a todos los territorios y cuando el lugar donde nace un niño se convierte en un punto de partida lleno de posibilidades.

La educación es, sin duda, una de las herramientas más maravillosas para transformar destinos. La educación abre puertas, despierta talentos, multiplica capacidades y fortalece la libertad. Y en Colombia existe una base clara para seguir avanzando en esa dirección: el Plan Especial de Educación Rural del Ministerio de Educación plantea mejorar las condiciones de acceso y permanencia de niñas, niños y adolescentes mediante acceso gratuito a útiles, textos, alimentación escolar y transporte. Esa visión confirma que cuando el país facilita las condiciones para estudiar, también fortalece el arraigo, el bienestar y el futuro de nuestras familias rurales. 

Esa convicción inspira una de las apuestas que hoy impulso con todo mi compromiso como senadora electa de la República: un proyecto de ley para que los niños rurales puedan acceder gratuitamente a sus útiles escolares, contribuyendo así a asegurar su matrícula y permanencia en las aulas. Creo en esa iniciativa porque sé que un cuaderno, un lápiz, una maleta o un uniforme pueden convertirse en símbolos poderosos de bienvenida, confianza y futuro. Muchas veces, los grandes cambios del país comienzan precisamente en esos gestos concretos que abrazan la vida cotidiana de las familias.

Esta apuesta también nace de una convicción que ha acompañado mi camino público: Colombia merece un liderazgo que cuide. Cuidar a las familias, cuidar a los territorios, cuidar a los niños y cuidar el futuro del país ha sido una línea coherente en mi manera de servir y de construir esperanza con hechos.  

En este mes del niño, quiero invitar al país a abrazar una certeza hermosa: cada aula llena es una victoria de Colombia. Cada niño que permanece estudiando es una puerta que se abre para su familia y para toda la nación. Cada oportunidad que llega a la niñez rural fortalece el corazón productivo, social y humano de nuestro país.

Yo sueño con una Colombia donde cada niño pueda aprender con alegría, crecer con confianza y mirar el futuro con ilusión. Una Colombia que cuide mejor, que llegue más lejos y que entienda que su verdadera grandeza empieza allí: en la manera amorosa, firme y decidida con la que abraza a sus niños.

Otras opiniones

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -