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domingo, abril 21, 2024

Clonar el whatsapp

Es tendencia

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Hace poco tuve una conversación con una amiga, quien en el pasado había participado en elecciones como candidata. De manera normal me dijo: “Le cloné el whatsapp a mi novio porque desconfiaba de él”. Sorprendida le pregunté como había aprendido a hacer eso y naturalmente me contó: “en la campaña nos capacitaron a varios candidatos sobre como lo hacían para que aprendiéramos a verificar los celulares”. Pensé: “Como me hubiera gustado que me capacitaran para evitar clonación. Inmediatamente le dije, ¿cómo hago para saber si mi dispositivo está clonado? Y allí encontré un número de celular, desconocido que tenía acceso a mi WhastApp. Plop. 

Clonar los WhatsApp de ciudadanos es más fácil de lo que pensaba. Recientemente lo había visto en los videos del TikToker  “Andi Inventor”. No sólo lo hacen para descubrir “cachos”. Es también una práctica usada en campañas electorales para saber lo que hacen y con quién hablan los candidatos. Y aunque abordar este tema implica que te tachen de “teorías de la conspiración” o “empeliculada”, lo cierto es que los amigos del poder y el dinero usan este tipo de herramientas para afectar y sacar de la contienda a sus oponentes. 

Era mi época de universidad, 2001, cuando aún no existían los teléfonos inteligentes y los NOKIA “paneludos” eran la sensación. Tenía un amigo, a quien le gustaba “seguir” o “hacer inteligencia”  a su novia. Hábil para las relaciones institucionales, tenía “contactos” en la compañía de celular, policía y ejército, quienes le informaban sobre los movimientos y llamadas de su pareja. Siempre le gustaron los temas de “inteligencia”. Hoy es un actor político de relevancia. Me pregunto si con el avance de la tecnología seguirá siguiendo a sus cercanos. 

En el 2002 tuve la oportunidad de conocer a varios estrategas políticos de campaña. Nunca trabajé con ellos, pero podría decir que fueron los pioneros de las estrategias de campaña y consultoría política en Colombia. Estudiar los futuros oponentes del cliente, identificar sus debilidades para afectarlos emocionalmente, económicamente, o desbaratar sus equipos antes que entren en contienda, es parte de su trabajo. Algo normal en cualquier competencia política liderada por políticos tradicionales o deshonestos. Sin embargo el tema  raya con la ilegalidad, cuando los escándalos “armados” hoy conocidos como fake news, y la invasión a la privacidad son columna vertebral de las estrategias de campaña. Infiltrar instituciones y oponentes políticos para usar información en beneficio del “cliente” es una práctica real.

Han pasado 20 años desde que supe que las estrategias de campaña política “negras” existen. Lo cierto es que este tipo de campañas son usadas por candidatos que están dispuestos a correr la línea ética y por quienes para acceder o  mantenerse  en al poder pagan altas sumas de dinero para “sacar” a su competencia. Por supuesto candidatos que se alían con los carteles de narcotráfico y corrupción acudirán si o si, a estos servicios.

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