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jueves, abril 25, 2024

CIUDADES VIVAS

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Tomás Moro nació en Londres en 1478 y fue decapitado en 1535 por orden del rey Enrique VIII; un problema de faldas -en resumen- originó tal desenlace en tanto que el monarca estaba casado con Catalina de Aragón, pero como ella no le había dado un hijo varón pues solicitó al Papa la nulidad de ese matrimonio para poder tener un nuevo vínculo con Ana Bolena, su amante; como Tomás era el Canciller y se interpuso negativamente a tal petición, el rencor de su majestad llegó a tal punto que decidió romper relaciones con Roma y crear la Iglesia Anglicana que todos conocemos como “protestantes” y, paralelamente, mandó a encarcelar a Tomás el cual fue condenado a muerte en juicio sumario por alta traición. Las calidades de este personaje son asombrosas: jurista, escritor, filósofo, teólogo, poeta y traductor, en fin, un hombre íntegro e integral que terminó en el santoral católico. Su obra cumbre fue Utopía cuyo corto nombre real es “Librillo verdaderamente dorado, no menos beneficioso que entretenido, sobre el mejor estado de una república y sobre la nueva isla de Utopía» y, en resumen, es la representación de una sociedad perfecta. Con el paso de los años, utopía se conoce con el significado de algo inalcanzable.

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Ahora bien, vamos a suponer -soñar no cuesta nada- que algún funcionario, algún día, en alguna ciudad, de algún país imaginario como Utopía, decida meter en cintura a las motocicletas sin silenciador cuyos conductores circulan a lo largo y ancho de las mismas sin consideración alguna por sus conciudadanos. Y pensemos -el imaginario es infinito- que esa autoridad pare a uno de estos desadaptados y le exija sus documentos -uno a doscientos a que no los tiene en regla- y le formule un comparendo para que en el término de cinco días -que equivale a una semana en términos legales- presente en algún sitio tal vehículo debidamente adecuado a la normatividad. Lo planteado contiene un ingrediente sicológico importante como es que el infractor se expondrá a tener que detenerse varias veces en un mismo día por la cusa dicha y, además, su compañerita -todos la llevan atrás para demostrar su prepotencia- entenderá que el “papito” también está sometido a la Ley y que si agrede al colectivo social pues no tiene garantía alguna para esperar que la respete a ella. Elemental.

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www.ceascol.org

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