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sábado, mayo 18, 2024

Ciudad y gestión socio–ambiental. Sombras y resplandores (II)

Es tendencia

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Gonzalo H. Vallejo A.

Columnista

En una orilla y, a lo largo del caudaloso río de la opinión ciudadana, se registran innumerables connotaciones que hablan de las bondades de la urbe: gente resiliente, generosa, alegre, simpática, recursiva, emprendedora y hospitalaria; ubicación geográfica y estratégica; vía arteria de gran influencia logística y proyección comercial… Todo un collage estampado con paisajes socioculturales vivificantes: diversidad biológica e intercultural; vocación mercadotécnica… Una ciudad inteligente, incluyente, agroturística, sostenible y educadora… En la otra ribera se escuchan diatribas y rezongueos proferidos por otros urbanitas: ciudad consumista, timadora y rebuscona; ciudad ruidosa, siliconera y artificiosa; ciudad violenta, insegura y excluyente; ciudad copiona, vitrinera y voyerista, paraíso de las drogas psicodélicas… Todo esto nos obliga a una seria y profunda reflexión.

Al igual que las personas, las ciudades van configurando su “rostro” y dejan ver las líneas sinuosas que rubrica el tiempo a través de su paso inexorable por sus calles y comunas. Los escenarios citadinos, creados o transformados y con toda la carga problémica que trae consigo el crecimiento urbano, esperan prontas y oportunas alternativas de solución. Estas parten del reconocimiento de nuevas formas y estilos de vida y convivencialidad ciudadanos. La polidimensionalidad del mundo relacional de la “civitas” con sus nuevas dinámicas comunicacionales, horizontes de sentido, futuros deseados e imaginarios presentificados, concitan la atención de los estudiosos de la urbs. Desde esta perspectiva estratégica y planeacional, se avizoran oportunidades para suscribir agendas prospectivas que convocan y comprometen a todos aquellos que piensan, hacen y construyen ciudad.

Al asumir la vocería de los “otros” que no tienen voz, los gestores culturales y socioambientales, apostados en la academia o en la vida comunal, advierten sobre los peligros que traen consigo posiciones prejuiciosas y excluyentes: pragmatismos vergonzosos, activismos cívicos inocuos, demagogias mentirosas, asistencialismos fraudulentos, fetichismos axiológicos, proxenetismos mercaderiles, políticas mercenarias, visiones errátiles y  prácticas miopes que nos recuerdan el viejo cuento sufí, donde primero se vende la casa y luego se compran los muebles. Hacer ciudad (planear, gestionar y controlar) es un ejercicio asuntivo y exigente, colectivo y participativo, sinérgico y proactivo, laborioso y comprometedor que requiere la articulación de decires, pensares y sentires como base de una construcción urbana holística y auténtica, realista y visionaria.

Es ante todo, un ejercicio de liderazgo corporativo que involucra acciones tácticas y estratégicas tales como delinear un perfil de ciudad que contenga actividades barriales y comunitarias singulares con sus ofertas de servicios; interpretar los cambios que se vienen dando dentro y fuera de la urbe (variables, tendencias, condicionamientos e impactos); establecer planes de incentivos sugestivos y ejemplares para vendedores y usuarios actuales y potenciales; garantizar la prestación eficiente y oportuna del servicio ofrecido; promover valores y ofertas culturales que muestren las bondades y las ventajas comparativas de la ciudad; entender los intereses, necesidades, actitudes e imaginarios de gobernantes, ciudadanos, académicos, gestores gremiales, socio–ambientales y empresariales que fraguan en sus “misiones visionales” la gran impronta de sus futuribles.

gonzalohugova@hotmail.com

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