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viernes, junio 14, 2024

Ciudad y gestión socio–ambiental. Sombras y resplandores (I)

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PEREIRA TIENE PAPÁ

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Gonzalo H. Vallejo A.

Columnista

Cada 10 de noviembre, por petición hecha en 2001 ante la Unesco, se celebra el Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo. La Demografía, la Ecología Urbana al igual que la Economía y otras tantas disciplinas, forman parte del mundo transdisciplinario humanístico que propugna porque nuestras ciudades sean territorios pacíficos al igual que escenarios de cultura urbana y convivencia ciudadana. En el año 2050 el mundo se acercará a la escandalosa cifra de 10 mil millones de habitantes y el 70% vivirá en las zonas urbanas. Es indudable que este guarismo poblacional impactará todo lo relacionado con desarrollo humano, sostenibilidad y multiculturalidad. Asuntos claves y trascendentes tales como equidad, justicia social, competencias laborales y productivas, brechas económicas, sociales, educativas y culturales, formarán parte de las agendas ciudadanas.

Otros temas estarán al orden del día: vulnerabilidad psico–social, gestión socio–emocional, comunidad y familia y accesibilidad a los servicios públicos. Lejos de ruidosos festejos, rutilantes cenáculos y mentirosos cónclaves, preocupa que los grandes temas socio–ambientales relacionados con cambio climático y urbanismo eco–sistémico, no sean prioridad en los debates interinstitucionales y no permeen la discusión sobre la sostenibilidad y eco–eficiencia de nuestras ciudades de cara a las contingencias propias de un incierto futuro. Expertos en el tema creen que aún no se ha despertado una verdadera conciencia ético–ciudadana. Las brechas y atajos socio–culturales no permiten visualizar, comprender, sensibilizar y concientizar a través de una verdadera y asuntiva pedagogía socio–ambiental, el significado y la importancia del cuidado de nuestro hábitat.

Las cifras de destrucción de los bienes naturales, patrimonio de la humanidad, en nombre de un fetichismo progresista (riqueza, consumo, bienestar y prosperidad), son alarmantes y escandalosas. Esta realidad, llámese globalizante, neoliberal o aperturista, produce un escalofriante escozor. “El síndrome de la garrulería ambiental” (“verborrea eco– profiláctica”) con sus shows mediáticos, desfiles de pasarela, lacrimosos y descrestantes protocolos, vergonzosos sofismas y rutilantes proclamas, ponen al descubierto discursos proteccionistas y contemplativos, activismos romanticoides y militancias conservaduristas. Es de esta forma, cómo evidenciamos críticamente la ausencia de una ética y una política públicas en materia socio–ambiental. Cuatro bestias apocalípticas (burocracia, corrupción, saqueo y depredación), corren desbocadas por nuestros ríos, valles, bosques y ciudades.

Todo ello presagia el final de un sistema neoliberal permeado por el criminal salvajismo del voraz capital. Es sabido que esta dramática crisis eco–sistémica es, ante todo, de carácter social. Nuestro desarrollo es insostenible, nuestra calidad de vida insustentable y las acciones entre sociedad civil, Estado, ONG, gremios y academia para conjurar y transformar nuestra deprimente realidad, están desarticuladas. Un sin número de males agobian el mórbido cuerpo de nuestras comunidades “glocales” donde el eco–etnocidio se ha enquistado en nuestro desfalleciente medio socio–natural, ante las indiferentes y anómicas miradas ciudadanas. Cunde por doquier la apatía y la inactividad de los que podrían haber actuado y la ignorancia cómplice y solapada de aquellos que tendrían que haber sabido, aunado todo ello al silencio cómplice de los que deberían haber denunciado.

gonzalohugova@hotmail,com

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