Causas

Héctor Tabares Vásquez

Es probable no sean precisas, tampoco afirmar siquiera, se aproximen a dar en el clavo, carente de los cimientos de proporción adecuados y expertos en aras de señalar de modo riguroso, si son las razones por las cuales es de rigor garantizar ha existido un notorio deterioro  en la estructura de la institución familiar. Lo a expresar obedece a  la vivencia,  la experiencia adquirida en el haber  logrado disfrutar, sentir, apreciar y regocijarse de un periodo alrededor de tan sagrada confraternidad, bordeando las orillas del encanto y la satisfacción singular y plural. A manera de anecdotario, acuden a la memoria, la sucesión de acontecimientos gravados y perpetuados, dada la consistencia, la fuerza con las que fueron construidos en  edad suficiente y madura,  para su repercusión e incidencias a través de los años. En los inicios sucedía en la residencia de los padres, no muy lejos, en el domicilio de   los tíos y luego, en la morada de los abuelos. Constituían un eslabón inoxidable e  irrompible, asiento y refugio de cierta y considerable muchachada desplazada bajo circunstancias varias, del techo natural; además  de verse, en suma apetecida debido a la condición de tolerantes y alcahuetes acogedores de la misma. Puede parecer un simple acaecer, no siendo de recibo desconocer el impacto, el mérito y la trascendencia de esa aparente e insignificante confluencia en veces vacacional, en general obligadas, en atención a las exigencias laborales de los mayores, pues el resultado al final de los encuentros, no era nada más ni  menos  ese vínculo incondicional volcado sobre aquella afable pero espontánea unidad y congregación ancestral. Obvio, hablamos de otras épocas donde el diario sustento no faltaba, los rasgos de solidaridad pululaban, doquier brotaban frente a cualquier calamidad. Lo fundamental de manifiesto marcaba el reflejo en la constante preocupación hacia la prole, evitando el contagio y el roce de componentes estimados no favorables en el medio habitado. No es posible sostenerse o desdecir desde lo negativo, aludir a la fisura respecto de la unión legítima, sincera, sólida, respetable. La pre modernidad intenta arrebatar lenta, empero desgraciadamente nociva, un estilo sencillo y grato de subsistir, traducido en un desarraigo de la vida hogareña. Surgen múltiples  agentes autores activos o no del desajuste.  Persisten los originados en los avances de la ciencia, en la despersonalización de elementos como el trabajo, la producción, la situación financiera, contribuyendo de diversos  aspectos, no de exclusividad en lo económico, sino también en lo tocante a la formación dentro de la casa, algo incapaz de borrarse de la mente, en bien de unos y mal de otros.  Es el motivo y la importancia inequívoca, de observar, sin el ánimo de mortificar a nadie, la transformación sufrida al interior del individuo en lo atinente a la serie de principios y de valores  desgranándose en el correr de los tiempos, en especial y en particular,  el menoscabo de la armonía de la parentela. Asaz escasas, igualmente ausentes de continuidad, las reuniones de tal vocación, las apariciones caracterizadas en el reencuentro amistoso, cordial, entrelazado de sentimiento y de cariño, no de necesario acondicionamiento a factores personales y de la entraña, capitalizando las fiestas o fechas tradicionales, a la par a consecuencia de los  inconvenientes de toda índole presentados, en lo básico, en cuanto a la materialización del género humano. Ya solo ciertos contertulios preguntan acerca de  “….quién vivió en esas casas de ayer”. Parodiando recuerdos del pasado.

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