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sábado, mayo 18, 2024

Carta del mas allá

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Oscar Alberto Díaz Garcia
Columnista

Asumiendo que desde el infierno no llegan cartas, Satanás no lo permitiría, pero del cielo tampoco porque no tiene sentido que alguien libre ya de todo sufrimiento, tenga recuerdos, deseos, intenciones y propósitos; sería un martirio conocer desde el más allá, que pasa en el más acá, y así nos queda una opción: que provengan del purgatorio. Con este preámbulo le doy la palabra al autor de una carta; desconozco su nombre, es un anónimo.

“Hola todos, soy un veterano, que no de la subversión, soy uno de las fuerzas armadas de Colombia; de lo contrario hubiese llegado al congreso de la república. En el cielo aun no estoy más tampoco en el infierno. Supongo de buena fe que estoy en el purgatorio. Y observo que Dios mismo dentro de su sabiduría e indulgencia, parece más duro que los tribunales de mi bello país Colombia. Lo digo porque doña Patricia, la de la JEP, cada vez que le viene en gana libera subversivos sin que paguen ni un día de cárcel; o los deja ir así no más, sin formula de juicio. Extraña es esa forma de entender la justica; dizque en aras de la paz.

Por aquí veo también curas con su sotana puesta, purgando como es debido sus culpas, antes de pedir pista hacia donde esta San Pedro. Son curas coherentes con su dialéctica respecto del perdón y la justicia; enseñaron en la tierra que sin justicia no hay paz y que además el perdón de Dios se obtiene “así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.” Con una condición, o mejor varias: para optar al perdón se requiere contrición de corazón, confesión de boca, propósito de la enmienda y satisfacción de obra; eso nos enseñaba el catecismo pero también la razón natural, la sana lógica.

Los otros curas, que por aquí no veremos, seguro se irán derecho hacia el infierno. Se brincan los postulados cada vez que absuelven sin el lleno de los requisitos previos; en los tales acuerdos de la Habana, sin catecismo en la mano, Santos, las Farc y Timochenko, hablaron y firmaron sobre piedra, de sus propósitos. Reconocer ante la nación y el mundo sus fechorías, arrepentimiento verdadero, propósito de no repetir las hazañas y reparación de las víctimas. ¿Qué han cumplido? Nada. La JEP de la Linares, que bien puede ser otra persona, se encargó de desvirtuar la esencia del acuerdo haciendo de el una mentira.

De hecho esos postulados lógicos también se los brincan los políticos, los amigos del desordenador Soros, los neos liberales amigos de los narcotraficantes y toda esa cáfila de corruptos que al purgatorio no llegarán si previamente no se arrepienten. Se van derecho hacia el mismo infierno. Si para aquietar su conciencia niegan su existencia lo vivirán allá mismo en poco tiempo, en la tierra que asolan, en Colombia. Petro, los socialistas pro Cuba, las Farc, los otros amigos de los chinos es decir los elenos, por gracia de su rencor y estupidez están haciendo de Colombia su propio infierno.

Ojala mi anónimo no caiga en manos de los tribunales, puede ser tomado en contra de Uribe. Esta es mi carta desde el más allá y la firma no un simple ciudadano, la firma un veterano de la fuerza pública”.

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