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martes, julio 16, 2024

Carlos Caro. Ciudadano ejemplar

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DOBLE ESTÁNDAR

EN LA COPA

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Jairo Arango Gaviria

Columnista

Hay hombres que luchan un día y son buenos, hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.

Bertolt Brecht

Y Carlos fue un luchador de la vida. Agradecido mientras persiguió sus metas. Amable y cortés en el trato con los demás. Más que perseguir la atención, buscó el respeto. Consejero de sus allegados, amigos y familiares; quizás porque pensaba que los momentos más difíciles conducen, en ocasiones, a las mejores momentos de su vida.

Vivió con intensidad cada día y en los  más oscuros de la vida, siempre tuvo una luz encendida, y con esa luz nos iluminó. Persiguió sus sueños con valentía de acuerdo con su visión y propósito, respetando las expectativas y opiniones de los demás. Su talento lo llevó a realizar proyectos, donde otros solo veían dificultades. Seguro pensaba que en la vida hay mucho más que el camino prescrito para otros.

Carlos Caro fue un hombre dedicado a la academia y a la investigación; por eso no solo se limitó a leer sino a estudiar y luego a enseñar, convirtiendo este proceso en una educación transformadora, donde lo transversal era la reflexión al buscar cambiar y crecer espiritualmente; lo hizo siempre pensando en apoyar a los más débiles, lo que lo llevó a salir de la zona de confort. Nunca dudó en superar los miedos para luchar por un mundo mejor, porque le apostó a arroparse con la bondad de los demás.

Carlos Caro fue un hombre bueno. Su vida podría ser vista con la óptica de Albert Einstein: “Solo hay dos maneras de vivir la vida, una es como si nada fuera un milagro. La otra es como si todo fuera un milagro”.

Carlos fue un gladiador por la vida. Cualquier opción que le permitiera aferrarse a prolongar su existencia quedó cubierta. Entendió que su salud se deterioraba con espacios intermitentes, razón por la que, con mayor intensidad, apuraba sus investigaciones con la preocupación que le daban los resultados del acelerado deterioro del tejido social de la ciudad, sobre todo en el alto índice de consumo de drogas en la juventud. Esto para Carlos al final de sus días fue una de sus grandes preocupaciones.

Carlos Caro vivió de cara a las soluciones. Nunca se quedó gravitando en los problemas, pero siempre aferrado a la vida, por eso quizás pensaba como el escritor Frank Lloyd Wright: “Cuanto más vivo, más maravillosa se vuelve la vida”.

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