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viernes, mayo 24, 2024

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Gabriel Alberto Toro Peláez
Columnista

La Nación Colombiana  va perdiendo  identidad, en la medida en que desaparecen: el patriotismo y otros valores como el cristianismo, que todavía profesamos, aunque tibiamente, la mayoría de los connacionales; y se desdibuja desde que, los descreídos y materialistas, lograron erradicar de la formación de los jóvenes, los estudios de: historia, la instrucción cívica, así como el debido comportamiento (urbanidad y conducta), respeto a la autoridad y en suma la formación de una personalidad, recta y cumplidora de sus deberes.

Las nuevas generaciones no tienen noción de nuestros héroes, ni respetan los símbolos patrios, himno, escudo y bandera nacionales, mucho menos los que identifican sus respectivas regiones.

Nuestros gobiernos poco se ocupan de hacer respetar La Patria que supuestamente dirigen, porque cualquier “perico de los palotes” puede llegar al territorio a sentar cátedra, indicando como debemos actuar, cuando no es que se invitan o se tolera que vengan a darnos opiniones públicas, en campos que son del resorte interno.

Marejadas de venezolanos se internan en el país, sin previo análisis de sus antecedentes y propósitos; como también se invita indiscriminadamente a cubanos que vienen inundándolo sin acreditación alguna, autorizados o permitiéndoles que ejerzan como educadores, técnicos deportivos, asesores o médicos, quienes las más de las veces, llegan como doctrinantes o espías del socialismo y gestores de revolución.

Así, olvidando nuestros héroes, permitimos que se nos fabriquen líderes de barro, o personajes sin arraigo histórico nacional, o con un prontuario tenebroso, asumiendo de moralistas, a pesar de sus antecedentes delincuenciales que los acreditan como criminales, que nunca respetaron derechos ni valores cívicos; y por el contrario, son agentes de destrucción.

Cómo es posible que el nefasto personaje que se conoce como Che Guevara, sea expuesto en la plaza mayor de la Universidad Nacional, como prototipo para admirar, cuando fue señalado como “La máquina de matar”, queriendo imponer, por razón o fuerza, sus ideas comunistas que lo llevaron a comandar el “Cuartel de la Cabaña”, donde dirigió aproximadamente 1.000 juzgamientos y fusilamientos sumarios, de opositores al régimen comunista de los Castro en Cuba. “Hemos fusilado y seguiremos fusilando” dijo en la ONU (11/Dic/64); ello, cuando en la Universidad, escuelas y colegios se descolgaron figuras religiosas y de héroes que presidían sus aulas.

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