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lunes, julio 22, 2024

Cantos de Maldoror

Es tendencia

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Miguel Álvarez de los Ríos
Columnista

Desde el viernes de la semana anterior estamos bajo el signo de noviembre, el undécimo y nada expresivo mes del año, cuya importancia se la debe sin duda a su contigüidad con diciembre, en el que confluyen muchas iniciativas e ilusiones humanas.

Dos o tres mese antes de terminar el año aparecen los almanaques que los distribuyen, regalado o a precios mínimos las empresas comerciales o industriales. Algunos comentaristas los consideran amables y exquisitas conquistas del humano ingenio. A su juicio, no hay almanaques que no sean divertidos, útiles, pintorescos, entretenidos, regocijantes o pedagógicos. Hay otros más de carácter religioso, enciclopédico o filosófico. El antiguo e informado almanaque Bristol enseñaba las fechas propicias para la siembra o la pesca.

Hay universidades y entidades bancarias en algunos países de Europa en los que rigen los semestres para los exámenes estudiantiles y vencimientos de créditos, que excluyen, sin embargo, algunos meses, como el de noviembre
En Colombia salieron del paso recurriendo a dos fechas: el dos día de los muertos cuya celebración es más que otra cosa un festejo popular en México y el 11 en que se conmemora la Independencia de Cartagena.
De la misma manera que se dice: “martes, ni te cases ni te embarques”, en ciertas regiones del sur de México se dice que en noviembre nada bueno o festivo hay que esperar en este “marcado por la melancolía”.

En un almanaque, dicen las gentes que no se dicen mentiras; sólo se dicen verdades de almanaque.
El pueblo soberano creía vacilaciones que decía el almanaque.
Para el poeta Juan Ramón Jiménez noviembre como mes tenía la estructura agónica de lo que se acaba y es difícil reavivar.

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