Iván Tabares Marín
Es un hecho que las redes sociales son la tribuna de los ignorantes y los criminales, pero la prensa colombiana también se ha convertido en protagonista de la guerra sucia por la presidencia, especialmente El Espectador. Un ejemplo son las columnas del politólogo de la Universidad del Rosario y máster en filosofía de la Universidad Javeriana, Tomás Molina.
Ambas universidades son de tendencia izquierdosa. A la primera me referí en el debate sobre el carácter de la Primera Línea terrorista y, a la segunda, por sus enredos políticos cuando los jesuitas fueron expulsados de muchos países en el siglo XVIII y por la simpatía con el marxismo de algunos curas.
La columna de Molina el 8 de junio es un ejemplo perfecto de la mala fe y la ignorancia contra el abogado Abelardo de la Espriella, aspirante a la presidencia de la República. Se tituló “Amigo funcionario, Abelardo le quiere quitar del trabajo”. Como es evidente, se dirige a los millares de colombianos que han sido vinculados a cargos públicos o que han sido contratistas beneficiarios del gobierno Petro con el propósito evidente de comprar sus votos para Cepeda.
La columna es una crítica infundada contra los gobiernos de Nayib Bukele y Javier Milei como si el plan de Abelardo fuese similar al de ellos y como si las condiciones actuales de Colombia fuesen las encontradas por ellos en sus países. Bukele, enfrentó con éxito las bandas criminales, llamadas maras; Milei fue elegido para solucionar el desastre que dejaron los comunistas en Argentina.
La falacia de Molina se llama “amalgama”. Si Abelardo habla de castigos legales y constitucionales para los criminales y mafiosos amigos del gobierno Petro, entonces Molina le atribuye las eventuales violaciones de los derechos humanos en que pudo incurrir Bukele; si las medidas de choque tomadas por Milei han afectado a algunas empresas, Molina considera que “el Tigre” hará lo mismo, aunque el desastre económico no fue aquí tan grave como el que dejaron los Kirchner progresistas.
La preocupación principal de Molina y todos los burócratas ineptos vinculados al gobierno Petro es la pérdida de su empleo por la promesa de Abelardo de disminuir el tamaño del Estado, condición indispensable para corregir el déficit fiscal creado por Petro y para mejorar las condiciones económicas de las empresas privadas que el Pacto histórico busca quebrar.
El ataque infundado de Molina al economista José Manuel Restrepo Avendaño, candidato a la vicepresidencia, es explicable porque viene de un fanático de la ideología mamerta sin formación en economía. Molina solo busca chantajear a la enorme burocracia para que paguen el favor recibido con sus puestos o contratos. Concluye Molina con un chiste: “Iván Cepeda, en cambio, es un hombre serio y riguroso, además de un demócrata convencido”. Nada dice de su vicepresidenta.
A Tomás Molina, a Gustavo Petro y a todos los zurdos les convendría leer el texto de Axel Kaiser, Nazi-Comunismo (2026), con esta tesis: el comunismo es similar al nazismo y al fascismo. Lo comentaré en otra nota.
