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jueves, abril 25, 2024

CAMBIO EN REVERSA

Es tendencia

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Es de esperarse que un nuevo estilo de gobernar se efectuén cambios trascendentales para sustentarse en el modelo de ocupación propuesto. No sobra decir que el modo de ocupar es el punto de partida para el reconocimiento territorial por la vía de la observación y no por la normatividad existente, la cual ha generado profundas dudas y al parecer, no se está interesado en superarlas. Se privilegia el statu quo frente a las dinámicas territoriales, producto de los atributos que dimensionan un nuevo territorio observado desde la espacialidad. Si bien el territorio es único y solo tiene sentido por la población que lo habita, aparecen cambios multidimensionales.

Esta construcción teórica permite dilucidar las formas y asimetrías provocando solución a insatisfacciones que en términos de formulación, son nada menos que los planes, programas, componentes o elementos determinados por su grado de complejidad. Un problema es una insatisfacción y superarla, se logra con propósitos plasmados en proyectos y sus desprendimientos jerárquicos.

Cuando se manejan estos conceptos, es crucial implementar un instrumento de planificación que se adapte funcionalmente al desarrollo del modelo proyectado. Se puede y se ha tenido por costumbre decretar soluciones a través de una planificación normativa y persistir en decretar territorio, a pesar de la imposibildiad de hacerlo, por ser este una realidad material, es el mayor error de una administración territorial.

El cambio, por razones obvias, revisa el concepto planificador dándole la importancia que merece a las transformaciones de un territorio que, aunque único, si avanza o retrocede a criterio de la población que es determinante en la formación del Estado, eligiendo un gestor o gobierno que los represente o los avasalle. Colombia demuestra su inestabilidad emocional en una población indiferente pero acomodada que cambia a discreción de los aparentes favores que resultan siendo sacrificios. Ejemplo contundente, el seguir aplicando la normatividad por encima de la territorialidad, por razones estrictamente político-electoral, que es el fin privilegiado de los gobernantes políticos, y no estadistas.

Planificar territorialmente es el camino de la observación, para la formulación, superando la titulación por diagnóstico, que está probado, ha sido siempre un fracaso.

El nivel nacional o central confunde deliberadamente lo estatal con lo político, pretendiendo como su fin, estructurar un gobierno que perdure, para finalmente superar la etapa inicial de la transición. Progresismo es el modelo planteado, pero incurre en el más craso de los errores, como lo es, el desconocimiento deliberado de la población sobre todo de aquella que siempre ha vivido de las canonjías de la clientela. Esa población elige y destituye al amaño de los poderes territoriales que todos conocen, pero se hacen del oído sordo.

El Nivel medio o departamental eligió recientemente gobernadores, para el caso en comento, no se ve la intención de trasender. Conserva su esquema de planificación como ha sido costumbre desde la creación de los Departamentos. Sus instrumentos de planificación normativa continúan y con ello las formas dominantes insulsas de la administración reiterativa. No establece en competencias y responsabilidades la función organica, la tendencia de los gobernadores, de ser un Alcalde más, prevalece. Sus Planes de Ordenamiento Territorial son ilegítimos; de entrada desecha la información primaria por motivos de costos y pierde lineamientos por insistir en la localidad. Si no hay POD legítimo no puede haber Plan de Desarrollo, sin embargo, hoy están en la tarea de construirlo con la mentirosa convocatoria de la participación popular.

De los Municipios solo resta decir que se está en el propósito populista para disimular sus relaciones políticas con el poder territorial que todos conocen, pero lo ocultan, por sentimientos de miedo o de alcahuetería. Las capitales también tienen POT, sin Ordenamiento, y con ello la continuidad del modelo planificador surgido del gobierno dominante donde solo actúan los intereses y los privilegios.

Los períodos de transición suelen ser tiempos de incertidumbre y cambios significativos en la sociedad, la política, la economía u otros aspectos de la vida nacional. El surgimiento de un cambio en reversa, podría ser una reacción a los errores percibidos de los mandatarios o a la insatisfacción con el rumbo que ha tomado el país bajo el modelo progresista propuesto.

Es fundamental para cualquier gobierno, independientemente de su orientación política, reconocer y abordar los errores que puedan cometer, así como escuchar las preocupaciones y necesidades de la población. En un período de transición, es especialmente importante trabajar en la construcción de consensos y en la búsqueda de soluciones que beneficien al país en su conjunto, en un marco de decisiones como estadista, que lo tenemos, no como político, que está equivocado, eso sería revertir la intencionalidad, “Cambio en reversa”.

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