19.1 C
Pereira
miércoles, abril 24, 2024

Cambiar el paradigma sin negociar la conciencia

Es tendencia

Miscelánea

LA CASA ESTÁ DETERIORADA

- Advertisement -

Por: Diana Cristina López López

Tuve la fortuna de conocer a mis cuatro abuelos y a uno de mis bisabuelos y, por ende,
de escuchar historias que los más jóvenes lectores de esta columna creerán
inverosímiles.

Entre ellas, me contaron que mis tatarabuelos vieron ferrocarriles y carreteras abrirse
paso por montañas y terrenos que, en su momento, solo era posible con caballos y
mulas, a un paso lento y dificultoso; así mismo, fue tema de varias reuniones familiares
la anécdota de los bisabuelos que por primera vez escucharon el sonido emitido por un
radio; uno de mis abuelos (el que pudo estudiar y ser ingeniero), tuvo que estudiar con
regla de cálculo y pude verlo maravillado ante la aparición de las calculadoras, tema
que incluso alcanzó a vivir mi propio padre.

Más allá de esas historias que hoy día parecieran fantasía, pero sí que fueron reales, fui
testigo de la llegada de las primeras computadoras personales que hacían parte a su
vez del primer instituto de enseñanza de computación de esta Ciudad, fundado en
sociedad por mi papá, uno de mis tíos y un amigo que tenían en común. Después de
ello y a lo largo de mis casi cinco décadas de vida, he visto cómo la tecnología ha
evolucionado desde grandes artefactos con poquísima velocidad de procesamiento o
almacenamiento hasta pequeñísimos artilugios con capacidades tales que ni yo misma
creo entender y, mucho menos, puedo explicar.

Pretendo invitar a la reflexión frente a la velocidad a la que avanza la ciencia y la
tecnología, la cual, pareciera no tener precedentes o, al menos, es lo que se siente en
esos momentos que creemos no estar preparados para ello; si bien es cierto que este
acelerado avance trae consigo cambios profundos de paradigmas, también es cierto
que todos los tendremos que enfrentar.

La tecnología no es buena ni mala, es solo una herramienta; es el ser humano que la
maneja quien tiene el poder y la decisión final de qué hacer con ella; darle una
connotación positiva o negativa sería tanto como llevar a juicio un martillo bajo la
premisa de haber cometido un crimen en aquel momento donde, en vez de clavar una
puntilla, golpeó con contundencia el cráneo de una persona.

Hoy agradezco a todo mi linaje, materno y paterno porque con su ejemplo me han
enseñado que la dignidad humana siempre ha sido, es y será lo más importante y, en
coherencia con ello, continuaré su legado enseñando que las herramientas son para el
servicio y dignificación del humano, ¿qué otro sentido tendría si no?

*Docente Universidad Católica de Pereira

Para estar informado

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -