15.4 C
Pereira
jueves, abril 25, 2024

Callejeando la fe

Es tendencia

- Advertisement -

Francisco Gilberto Arias Escudero, más conocido como “el Padre Pacho”, es un carismático  sacerdote de nuestra diócesis de Pereira, de una familia y padres ejemplares, Dios le dotó de  una privilegiada voz para el canto y la música; es inteligente, sencillo, despierta admiración y  una que otra vez “criticas” venidas de los inconformes que nada les parece bien. Pacho, como  le decimos quienes lo queremos, -además de muchas otras actividades-, tiene programas de  radio y televisión regionales hace muchos años, escribe, compone y ama los animales. A  Pacho lo hemos visto desde hace 2 años que llegó a la Parroquia “Nuestra Señora de la  Valvanera”, una de las más bellas e imponentes de la ciudad, “Kallejiando la misericordia”, sí con “K”, en medio de los más pobres y desprotegidos de la 9ª, 10ª, 12ª y el parque “La  libertad”, zonas que a él le corresponden como Pastor y Párroco, enviado por nuestro Obispo  Monseñor Rigoberto Corredor Bermúdez.  

El “Padre Pacho” no se quedó en la sacristía de su bella Iglesia, hizo lo que también su  homónimo -por lo menos en nombre- el Papa Francisco nos mandó: “Salgan de las sacristías,  lleven el consuelo de Dios, prefiero una Iglesia accidentada en la calle, que acomodada en las sacristías”. Paradójicamente frente a las palabras un poco “subidas de tono” de nuestro  alcalde de Pereira: “conmigo los habitantes de calle se jodieron”, aparece en esas mismas  calles un hombre que, en nombre de Cristo y de su verdadera Iglesia, con un equipo de  colaboradores de su comunidad, les acoge, les lleva consuelo, les invita a orar, les da pan y  bebida, y con su sotana y estola, camina entre los “descartados de la sociedad”, con amor y  misericordia por ellos y ellas que lo perdieron todo a causa del flagelo miserable de las  drogas. Estoy seguro de que no es Pacho quien camina entre ellos, es Jesucristo que por ellos  vino y por todos nosotros murió. 

La presencia de nuestros sacerdotes de la Diócesis de Pereira en estos lugares ha sido  constante siempre; lo aprendimos del entonces obispo y Cardenal Darío Castrillón Hoyos  quien cada viernes lo hacía dando pan y agua de panela con las religiosas de la caridad de la  Madre Teresa de Calcuta y las Vicentinas, en la antigua galería. Recordamos cómo el  Cardenal levantaba la voz de manera enérgica en sus homilías; es famosa aquella del  Domingo de Ramos del 11 de abril del año 1.989, cuando acusaba a la llamada “Mano  Negra” que estaba haciendo justicia por sus manos y asesinando a los indigentes de la ciudad.  Decía: “Miserables e infames, aprietan el gatillo asesinando indefensos, yo desde aquí les  digo: a mis hijitos indigentes nadie los toca”. Esto paró las masacres.  

A esta labor siguieron, entre otros, Monseñor Julio Hernando García Peláez, actual obispo de  Garagoa-Boyacá, entonces párroco de la Catedral; los muy queridos padres Benicio Montes,  Libardo Jiménez, la pastoral universitaria de la Católica y un sinnúmero de fieles, jóvenes  creyentes y benefactores. Callejear la misericordia con “K” es lo que nos urge, sin condenar,  sin señalar, simplemente sirviendo en nombre de Cristo Jesús.

Para estar informado

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -