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miércoles, febrero 28, 2024

Bukele no fue el primero

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En 1420 Roma se  encontraba tan  devastada que había perdido toda apariencia de civilización. Los restos de los monumentos  se habían convertido en establos o estaban ocupados por vagos, pues a raíz del Cisma de occidente, cuando hubo  tres Papas al mismo tiempo y la sede pontificia se instaló en Avingnon, la que fuera capital del imperio estaba en manos de  vándalos y su población  se había reducido a mínimos históricos. En esas condiciones Oddone Colonna fue nombrado Papa, quién como   Martín V, comenzó a poner orden. Lo primero que hizo fue notificar a los bandidos que debían abandonar la ciudad; le concedió una semana. A los que no creyeron los capturó y ejecutó.  Enseguida se ocupó de restaurar los edificios públicos, construir otros nuevos, traer artistas, poetas y eruditos. A la muerte de Martín V once años después, Roma era de nuevo el centro de la cultura occidental y el motor del renacimiento. En esto el Papa Martin V se adelantó a  Rudolf Giuliani, quien como alcalde de Nueva  York en 1994  y ayudado por el comisario Bratton de la policía, restauró  la seguridad pública  aplicando  «la teoría de los cristales rotos» según la cual, cuando en un edificio se rompe una ventana y no se arregla, la propensión a que se rompan los cristales de las demás aumenta. Con la seguridad ocurre lo mismo. Los delincuentes habituales inician su carrera con pequeñas cosas. Un hurto o una riña  si no son sancionados, aumentan la confianza de  los infractores quienes con el tiempo llegan a rebasar y dominar la sociedad. Por eso el comisario Bratton se enfocó en pequeños actos delictivos  y en las conductas que alteran la convivencia, como el  bloqueo de las  vías públicas, invasión del espacio público, la circulación vehicular sin licencias… Aplicando   las leyes vigentes  con rigor y de manera sistemática, la imagen de Nueva York como ciudad cambió y volvió a ser Nueva York, la capital del mundo. Se pueden seguir contando historias como  la de Bukele en el Salvador, la del Barón de Hausman que le dio a París su aspecto actual o la de Singapur. Pero eso molestaría a los progresistas  que justifican el desorden  y la inseguridad por  la desigualdad social. Afortunadamente eso está cambiando; Novoa en Ecuador, Milei en Argentina y Wilder en los países bajos, todos de derecha y ofreciendo orden,  ganaron las elecciones. La sociedad está harta de la alcahuetería con los delincuentes.

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