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sábado, mayo 18, 2024

Buenas intenciones

Es tendencia

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Andrés García

Columnista

Con el cierre de inscripciones de candidatos al Congreso de la República, Senado y Cámara de Representantes, para un total de 2996 aspirantes, según la Registraduría Nacional del Estado Civil, inició en firme la contienda parlamentaria y con ella la presidencial. La una ligada a la otra. Vallas y anuncios visten desde ya el espacio público de nuestras ciudades. Como era de imaginarse no hay un solo aviso que promueva un despropósito. Por el contrario, fotos amables, con el mejor ángulo, acompañadas de frases inspiradoras, diseños innovadores y colores estratégicamente identificados, contribuyen en la estructuración de un formato publicitario cargado de buenas intenciones.

¿Guarda congruencia el discurso benevolente consignado en la valla, versus el mensaje promovido en el resto de los escenarios? ¿Confirman las redes sociales ese mensaje altruista del aviso o, en su defecto, es el ring donde se libra la más violenta pelea de descalificativos en contra del rival político con tal de portar en el 2022 el cinturón que les acredite como vencedores de la contienda electoral? ¿A cuál mensaje debemos creerle?

Vale la pena revisar el contenido publicado en las redes sociales de muchos (as) aspirantes. No todos; sin embargo, un alto porcentaje está más orientado a descalificar a su rival que en presentar al elector propuestas necesarias, concretas y viables para mejorar la calidad de vida del ciudadano. Impacta además corroborar que – independientemente del visor político desde el cual se participe en la contienda – agravios provenientes de lado y lado desplazan a un segundo y tercer lugar el planteamiento de iniciativas que apunten a solucionar las grandes problemáticas y desafíos que enfrenta el país.

Si este es el panorama hoy en las redes ¿Por qué habríamos de esperar que una vez electos (as) este discurso cambie? Lo único que en verdad cambiaría es que esa voz una vez elegida tendría como aval una credencial otorgada por una entidad administrativa del orden nacional, que de paso garantiza la democracia, lo cual legitimaría su postura de exclusión y señalamiento.

Nos tiene que preocupar que la politiquería reemplace la política. Nos tiene que preocupar que el interés de un partido, prime por encima de las necesidades del  colectivo. Nos tiene que preocupar que un número considerable de aspirantes centre su discurso en descalificar a sus contendores, en lugar de elevar el debate de las ideas y, principalmente, socializar al constituyente primario su visión de país, su proyecto político y su compromiso, incluida la oposición. ¡Eso es democracia!

El proceso de elecciones no puede ser una feria de egos como hoy lo registran las redes sociales, en contraposición a lo que narran muchas vallas, sino el escenario por excelencia para que el liderazgo que requiere el país aflore y se coloque al servicio de la más noble de las causas: Colombia, y esto inicia con el uso de un lenguaje respetuoso e incluyente, desde ahora.

Lo que está en juego no es cuál partido es más importante. La discusión que a los electores nos interesa es sobre la Colombia de hoy y la Colombia que necesitamos para el mañana, la discusión que nos interesa es entre la realidad actual y el deber ser para el bienestar de la nación, en su más amplio concepción, no de unos en contra de otros.

(La opinión aquí expresada no compromete el pensamiento de la RAP Eje Cafetero, entidad de la cual soy su Director de Comunicaciones).

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