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sábado, febrero 24, 2024

BUEN PERDEDOR

Es tendencia

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“Descubrí que la vida es un juego de azar donde pierde el que gana” –Ricardo Arjona Morales –cantautor guatemalteco-.

El buen perdedor no para de jugar, porque -sin aceptarlo- padece la miserable ludopatía. De esa enfermedad, se aprovechan millones de explotadores. Es mundialmente famoso el Casino de Monte-Carlo (con grandes fortunas que derivan jugosos impuestos; pero, se prohíbe el juego a los propios ciudadanos del Principado de Mónaco).

Los explotadores rechazan la psicoterapia cognitivo-conductual, con técnicas de manejo de estrés, de empoderamiento y aceptación de la condición, desensibilización frente al juego; y en muchos casos, la inclusión en grupos de ayuda. Pero… sí apoyan a ludópatas para evadir problemas, apostando dinero o bienes materiales, en mejora de sus estados de ánimo.

En el Eje Cafetero proliferan ludópatas, destruyendo hogares, malgastando fortunas y jugándose el todo por nada; ahogados en su miserable enfermedad, girando en ruleta el coro musical “El Apostador” de la mexicana Natalia Lafourcade: “Lo he tenido todo / lo he perdido todo / necesito algo que me haga respirar”.

El jugador grita alegremente: “El amor es como el póker, a veces tienes que apostar para tener posibilidades de ganar.”. Pero… cuando se han esfumado todos sus recursos, siente que su mente no le ofrece nada; pues todo es oscuridad, y considera que su vida carece de sentido. Esa, es la misma apreciación que, turbó al poeta antioqueño León de Greiff, desahogándose con el RELATO DE SERGIO STEPANSKY: “… Juego mi vida, cambio mi vida, / de todos modos / la llevo perdida…”

No ha servido EL DÍA MUNDIAL DEL JUEGO RESPONSABLE, promulgado por la Asociación Europea de Apuestas y Juegos de Azar, para prevenir la adicción al juego. Pero… sí ha respaldado a ludópatas, en la resurrección de la frase “Para no perder, el jugador no cesa nunca de perder”, pronunciada por el poeta romano Publio Ovidio Nasón” (año 20 A.C.).

Cuando una persona es incapaz de resistir sus impulsos por jugar, es ludópata; esto, puede tener consecuencias graves para el individuo y acarrear problemas: familiares, económicos y laborales; incluso, puede llevarla a cometer crímenes o fraudes.

El ludópata vive la mentira, embebido en cuentos de juegos.

El buen perdedor no deja de jugar, porque para él: LA VIDA NO VALE NADA.

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