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martes, julio 16, 2024

Biblia sin religión Meditar

Es tendencia

DOBLE ESTÁNDAR

EN LA COPA

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Es enfocarse en pensar y considerar un asunto con atención y detenimiento para comprenderlo bien y tomar decisiones. En la actualidad, es una practica que cada vez tiene más adeptos por sus múltiples beneficios para la salud a nivel físico y  emocional, además de mejorar el relacionamiento con los otros, la naturaleza y uno mismo.

La meditación, es un ejercicio de concentrar la mente en algo fijo para abstraerse de todo lo que hay alrededor o en el interior de la persona para calmar el ser. Normalmente, el punto de concentración es la respiración o una palabra.

Cada vez hay más investigaciones neuro-científicas alrededor de la meditación,  por ser un ejercicio que permite a la persona enfrentarse a las diferentes situaciones de la vida con serenidad y control de las emociones, disminuyendo el estrés, el temor, la ansiedad, el miedo y hasta el dolor. Por lo que surge la inquietud acerca de ¿por qué no meditar en el Dios que creó al ser humano y en su palabra? 

La meditación bíblica nos ayuda a escuchar  al Señor Jesucristo con precisión y conocer su mente. Es así como meditar en Las Escrituras (La Biblia), significa elevar nuestra mente para escuchar el corazón de este Dios. Es enfocar nuestra atención en Cristo y desconectarse de todo lo demás, lo cual también trae grandes beneficios: sana nuestro interior, produce gozo y paz, da contentamiento, nos permite servir y ser empáticos con los otros. Meditar en Las escrituras, es más que cultivar una practica, es tener vida por medio de Jesucristo, lo que nos lleva a una relación real e íntima con el Dios Creador y Salvador.  Además, reflexionar en su palabra tiene un plus extra, esta palabra tiene poder para transformar y actuar sobre la persona porque es palabra viva.

Pues, bienaventurado el hombre “que en la ley del Señor está su deleite, y en su ley medita de día y de noche! Será como árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo, y su hoja no se marchita; en todo lo que hace, prospera” (Salmos 1: 2.3).

“¡Cuánto amo tu ley! Todo el día es ella mi meditación. Tus mandamientos me hacen más sabio que mis enemigos, porque son míos para siempre. Tengo más discernimiento que todos mis maestros, porque tus testimonios son mi meditación. Entiendo más que los ancianos, porque tus preceptos he guardado. De todo mal camino he refrenado mis pies, para guardar tu palabra. No me he desviado de tus ordenanzas, porque tú me has enseñado. ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras!, más que la miel a mi boca. De tus preceptos recibo entendimiento por tanto aborrezco todo camino de mentira” (Sal. 119: 97.104)

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