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miércoles, abril 17, 2024

Biblia sin religión apbibliasinreligion@gmail.com Dioses creados por creaturas

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Las palabras son el vehículo del conocimiento, es necesario comprenderlas desde su origen y contexto porque así adquieren todo su esplendor.

En la historia de la humanidad se ha visto como las diferentes culturas han convertido casi toda la creación en dioses: el sol, las personas, la naturaleza, los ángeles y hasta espíritus de personas muertas.

En Génesis 1.1 encontramos: “En el principio creó Dios […]”  Esta palabra Dios que aparece en las diferentes traducciones de La Biblia corresponde al vocablo hebreo Elohim (Antiguo Testamento) que significa, “Creadores”.

La palabra Dios surge de la traducción de Elohim a diferentes lenguas hasta llegar al Español, en donde no tiene significado, pero, ha sido utilizada para indicar un “ser sobrenatural” lo cual no corresponde al significado del texto original, donde este vocablo es un plural de Eloha: Todopoderosos – Creadores.

Es decir, ELOHIM, plural de Eloha en las escrituras hebreas, pasó a THEOS, singular de Ser Supremo en Griego Antiguo (palabra no traducida). Posteriormente, pasa a DEUS – Luz en Latín y luego, es transliterada (no traducida) al español como DIOS, donde no tiene significado.

El no conocer el origen y el significado de esta palabra u otras, hace que no se comprenda el mensaje del texto y en muchos casos como éste en particular, no sea claro o diga algo en nuestro contexto.

De modo que ninguna creatura puede volverse creador de sí mismo, lo que significa que todos los dioses creados por el hombre no son Dios, porque han sido creados por otra creatura, el hombre.

“Yo soy el Señor, y no hay ningún otro; fuera de mí no hay Dios” (Is. 45.5).

Muy diferente a Cristo Jesús con quien sucede lo contrario, Él no es una creatura que se convirtió en Dios, es Dios que se hizo hombre.

“[…] Cristo Jesús, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filip. 2.5-8).

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