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lunes, julio 22, 2024

Benalcázar el incomprendido

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Walter Benavides Antia
Columnista

La historia a diferencia de la ciencia no tiene reglas, no se maneja con algoritmos, y resulta de relatar hechos de personas, en lugar y tiempo pasados, con leyes y conceptos de las palabras diferentes a las que manejamos hoy, por lo que se cae fácilmente en lo que se denomina Anacronismo, que es el error que resulta de situar personas o cosas, en períodos de tiempo que no corresponde con el actual. Palabras como Libertad, Igualdad, significaban cosas muy distintas en 1532 a los conceptos que de ellas tenemos hoy, y en eso está el error: juzgar con leyes y conceptos de 2020, hechos de 1536 en adelante

En mi opinión, lo que ocurrió en Popayán no es más que el fruto del fanatismo y la ignorancia de una minoría, que tiene como común denominador desconocer nuestra historia. El derribamiento de la estatua de Sebastián de Benalcázar en la ciudad de Popayán, emula el movimiento de derribamiento de estatuas que cada vez se acerca más, a otros personajes de nuestra historia. No conoce la minoría de Popayán lo que representa Sebastián de Benalcázar, y la importancia que tuvo en el desarrollo de nuestro territorio, especialmente en lo que se conoce, como el Occidente Colombiano, donde es fundador directo de ciudades como Pasto, Popayán, Cali, Timaná, Neiva, la Plata, Santafé de Bogotá, Buga la Vieja, e indirectamente por encargo a sus subalternos de Anserma, Arma, y Cartago (Pereira) y el futuro Buenaventura. Hoy fuera catalogado como el mejor emprendedor de los conquistadores, que a base de trabajo (empresas) supo llegar a lo más alto del poder, arrancando desde cero. Paso de cuidar cerdos en España a Gobernador de un territorio que empezaba por el sur, en la frontera con el Ecuador, y por el norte con el río Chinchiná, con salida al mar por Buenaventura.

Tuvo la audacia de independizarse de Francisco Pizarro y logró en 1540 con estrategia, la Corona le reconociera una gobernación propia, la que moldeó a su saber y entender, como hombre práctico que era. Con sentido común construyó el actual occidente Colombiano. No se casó con española. Sus trece hijos fruto de dos matrimonios, fueron con nativas de América. No los desconoció y negoció para ellos en la Corte, títulos y abolengos que pudo comprar con dinero. Viajó con numerosos indios Yanaconas (sus aliados) que trajo del Ecuador, soldados rasos y ayudantes militares de toda clase, que se percibían a sí mismos, como hombres libres involucrados en una campaña en la cual eran aliados de los invasores, antes que sirvientes, y que como difusores del quechua, algunos se quedaron en la capital y fundaron pueblos. Otros como soldados rasos, y los indios y mujeres de servicio, tenían la esperanza de mejorar sus condiciones de vida. Sobre los primeros Yanaconas, los historiadores Kathleen Romoli y Luis Fernando Calero, escriben que muchos murieron en batallas, otros por epidemias, y otros tantos por cuenta de los ataques de los Sindagua.

El resto se asentaron en territorio muisca y en territorio caucano, en el Resguardo Guachicono. Concluyo entonces que no se investiga, no se debate y no existen argumentos diferentes a reclamar por la fuerza, lo que deberían reclamar dentro de las herramientas que brinda nuestra apaleada democracia. Derribar estatuas después de más de 500 años de haberse cumplido los hechos, es patético. Condenarlo hoy por haberle dado muerte al Mariscal Robledo es ingenuo y desproporcionado. La historia no se borra. Si lo que pretenden es deshacer lo que como conquistador hizo en nombre del Rey de España, la tarea que les espera es harto difícil, y solo obtendrán de la opinión pública y mundial, el rechazo a los métodos utilizados. Pueden seguir derribando estatuas, pero no lograrán borrar la historia lo que hizo Benalcázar y significa para el occidente colombiano.
antia53@gmail.com

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