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sábado, febrero 24, 2024

Autopistas del Café: el dinosaurio sigue ahí.

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Ya son casi 30 años desde que el Eje Cafetero concesionó las vías que unen los departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda. Desde entonces, los habitantes y demás viajeros que por aquí  transitan, financian un negocio multimillonario que pasó del grupo Odinsa al Sindicato Empresarial Antioqueño que hace rato dejó de ser regional para convertirse en un poderoso conglomerado internacional. La entrega, que desde un inicio se advirtió fue errada, le ha costado mucho a la economía y movilidad de la región cafetera. 

A la fecha están confirmadas las advertencias de quienes en su momento rechazaron la concesión, desoídas para entonces por el gobierno nacional y la gobernación de Risaralda. Pero se acerca el plazo de vencimiento de la misma y desde ya pavimentan su continuidad a través de la leonina Iniciativa Privada IP Conexión Centro. En tal sentido, habiendo escuchado tres de las cuatro audiencias de la etapa de prefactibilidad, afloran los cuestionamientos de dirigentes de la región que componen la veeduría presidida por el Dr. Juan Guillermo Ángel.  Hay serios y razonables reparos de tipo legal, técnico, y sobre la inversión y el equilibrio regional, que deben ser escuchados. 

Así pues, tiene la palabra la Agencia Nacional de Infraestructura ANI. También los gobernadores de los tres departamentos y las alcaldías, hasta el momento hemos oído voces oportunas de las de Manizales y Pereira que pesarán aún más de convertirse en pronunciamiento oficial. También es recomendable atender al conjunto de voces que vienen exponiendo razones en las audiencias acerca de los perjuicios de la concesión de las vías, resaltando lo que vendrá si este modelo sigue operando los corredores viales de la región. Mismo turno le corresponde a William Camargo, ministro de transporte del gobierno Petro, no pueden además desde el gobierno central, cargarle a la región la responsabilidad del neurálgico tramo vial del orden nacional que atraviesa al Quindío y cuyos efectos, como el del alambrado, se sienten en zonas de Cartago Valle y Cerritos en Pereira. 

Hablamos de las vías de tres departamentos del centro del país que podrían quedar “secuestradas” por treinta años más mediante un usufructo que impide su progreso. Un impacto para las nuevas generaciones y las proyecciones propias que éstas tienen acerca de la integración y el desarrollo regional. Los habitantes y visitantes no pueden seguir sosteniendo un negocio que, como han reseñado varios analistas, ya ni está configurado para intentar resolver los problemas viales, sino para garantizar nichos de inversión a los grandes fondos de capitales extranjeros. 

A contramano, como reseñé en columna anterior, las regiones han ido encontrando la fórmula para administrar las vías a título propio, lo cual puede redundar en reinvertir los recursos tanto en los principales tramos de conexión como en las municipales a su cargo que reportan abundantes necesidades, bien conocidas por los gobernantes, y hasta para explorar tarifas diferenciales en peajes. Esta es una opción real para que cuando despertemos, el dinosaurio no siga ahí.

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